En la realidad escénica, nos mueve la convicción de que es mucho más sencillo para el espectador contemporáneo vivir la literatura clásica que leerla. El teatro nos da esa posibilidad. El Buscón es uno de esos textos que reúnen todas las condiciones previas para crear un espectáculo para todos los públicos. No es que pensemos que los clásicos son divertidos. Es que, en muchas ocasiones, si no son divertidos, es que no son clásicos. De la mano de Quevedo, queremos seducir al espectador con una risa que provenga de una vivencia escénica singular y cercana.

El Buscón del Teatro del Temple intenta encontrar a la persona que Quevedo oculta deliberadamente detrás de sus aventuras y desventuras. Pablos no existe en virtud a su propia individualidad, sino sólo en función de todo lo que le ocurre, embarcado en una carrera por superar una serie ininterrumpida de obstáculos que dificultan su propósito: ser otro. Es decir, el conflicto que con más recurrencia y efectividad se ha planteado en la historia del Teatro.

Sinopsis

En mitad de un sofocante verano de 1626, en la imprenta zaragozana del maestro Vergés, se edita por primera vez La vida del Buscón llamado don Pablos, de Francisco de Quevedo. Esa primera edición se realiza sin su consentimiento. Es, en cierto sentido, una copia pirata. Es una ironía a la altura de la historia el hecho de que las aventuras de uno de los antihéroes más incorrectos de la historia de la literatura española tengan como carta de presentación un acto de piratería editorial.

Don Pablos, el Buscón, es un ser marginal que intenta rebelarse contra su destino de desheredado de la fortuna. Hijo de padres de conducta discutible, su viaje en busca de la honorabilidad y sus intentos inútiles por ascender en la escala social de la época, lo ponen en contacto con todos los estamentos: el clero, la milicia, el mundo del dinero, el de las comedias, los chulos, las meretrices, los alguacilillos… Cuanto más virtuoso intenta ser, más tortuosos son los senderos que tiene que recorrer. Y de ese contraste entre realidad y deseo, tan antiguo como el propio ser humano, brota un sentido del humor incontenible, torrencial y peripatético. Y también, insospechadamente, el amor. Y el salto a América, a donde, probablemente, el bueno de Pablos nunca llegará.

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Sinopsis

En mitad de un sofocante verano de 1626, en la imprenta zaragozana del maestro Vergés, se edita por primera vez La vida del Buscón llamado don Pablos, de Francisco de Quevedo. Esa primera edición se realiza sin su consentimiento. Es, en cierto sentido, una copia pirata. Es una ironía a la altura de la historia el hecho de que las aventuras de uno de los antihéroes más incorrectos de la historia de la literatura española tengan como carta de presentación un acto de piratería editorial.

Don Pablos, el Buscón, es un ser marginal que intenta rebelarse contra su destino de desheredado de la fortuna. Hijo de padres de conducta discutible, su viaje en busca de la honorabilidad y sus intentos inútiles por ascender en la escala social de la época, lo ponen en contacto con todos los estamentos: el clero, la milicia, el mundo del dinero, el de las comedias, los chulos, las meretrices, los alguacilillos… Cuanto más virtuoso intenta ser, más tortuosos son los senderos que tiene que recorrer. Y de ese contraste entre realidad y deseo, tan antiguo como el propio ser humano, brota un sentido del humor incontenible, torrencial y peripatético. Y también, insospechadamente, el amor. Y el salto a América, a donde, probablemente, el bueno de Pablos nunca llegará.

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