Para seguir viviendo

Es muy difícil hablar del argumento de Para seguir viviendo sin caer en el “spoiler”. Alguien que la vio nos dijo que se trataba de una versión de Alicia en el país de las maravillas. Con todo vamos a tratar de explicar qué cuenta esta obra.

El personaje central es un tipo de 45 años y pico. Se llama David Fioravanti y escribe libros de autoayuda. Tiene una hija y el típico complejo de culpa por no dedicarle el tiempo que debiera. Siente fobia a hablar en público y una reciente preocupación por su salud que no parece beneficiosa. Descubrimos al señor Fioravanti cuando viaja a la ciudad en la que creció, Gotham, aunque ahora reside y desarrolla su actividad profesional en otra, Metrópolis. Vuelve a Gotham para dar una conferencia, lo que le llena de inseguridad y mal humor. Durante el viaje en tren recuerda su última consulta médica. Al llegar es conducido por un extraño taxista hasta el hotel Carlisle (o sería el Ambassador, en cuyas cocinas asesinaron a un hombre famoso) donde le reciben otros aún más extraños personajes. Pronto veremos que la realidad que le rodea es tan extraña que nosotros (el público) y el protagonista, empezaremos a dudar de qué partes son reales y qué partes no lo son. Y si no lo son, quién las está elucubrando. Y si quien las elucubra es el protagonista, por qué lo hace. Y por qué involuntariamente. Y por qué va al cine y los personajes de la película le hablan. Y por qué se le aparece su madre cuando él la enterró hace años. Y por qué también se le aparece el hombre al que asesinaron en las cocinas del Ambassador.

Y por qué siente un excesivo apego por su maleta. ¿Contiene sus efectos personales como cualquier maleta? ¿O es algo más? Cuando en una obra de teatro se plantean tantas cuestiones uno intuye que al final se sabrá todo. Pero la vida es diferente y demasiadas preguntas se quedan sin contestar. Y viendo esta obra nos entrarán dudas. En fin, ¿qué demonios está pasando aquí?


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