La Abadía consolida su ciclo dedicado a la poesía ofreciendo un espacio donde autores y autoras se suben al escenario para compartir su creación poética y convertirla en un hecho performativo mediante la palabra, la imagen y la música
Sinopsis
Alana S. Portero nació en Madrid en 1978. Es medievalista, escritora, guionista y directora escénica. Escribe sobre cultura, feminismo y realidad LGTBIQ+ para medios como eldiario.es, SModa, Vogue, Público y Abril. Su primera novela, La mala costumbre (Seix Barral, 2023), se ha convertido en un fenómeno editorial dentro y fuera de nuestras fronteras, merecedora de los premios Todostuslibros de las librerías independientes (CEGAL), Cálamo, Vanity Fair, Time Out Cultura a la mejor obra, Dulce Chacón, Almudena Grandes y, en Francia, el Prix Litteraire Méditerranée. De igual forma, fue uno de los mejores libros del año para Babelia, Abril, El Cultural, El Periódico, El Español, ARA, RTVE y Forbes, entre otros medios, y está siendo traducida a dieciocho lenguas. También poeta, ha publicado La habitación de las ahogadas (Harpo Libros, 2017; La Bella Varsovia, 2025), revisada por la autora.
Poema
Mi madre fue a parirme entre zarzas para que las dos sangráramos, ni los depredadores quisieron verlo, ella y yo, desnudas, recorriendojuntas el pasaje de la punzada, sincronizandoel llanto de todas las mujeres en una tonalidad roja, desdeñando la piedad y reclamando nuestro legítimo lugar en la tormenta.
¡Qué temblor le debemos al mundo, qué ceremonia apaciguará la brutalidad de sus mandíbulas, cuántos mechones hemos de arrancarnos en los funerales para satisfacer al gran lobo! Que todo el dolor de mis antepasados sirva para reordenar mi carne,
que toda la furia apagada de las muertas guíe la hoja que debe seccionarme y transformarme en acto.
Que no terminen nunca las Lupercales.
Todo lo que acometo emparenta de algún modo con el despedazamiento, todo lo que me espera pasa por la renuncia y la teatralidad. Ven, consorte, acude a la llamada de esta mordedora de manzanas o que la ceguera cumpla su promesa.
Ven, diabólica, palpa cuidadosamente mis pliegues y traza una cartografía exacta de mi decadencia.
Ven, amor mío, a rugir como los escorpiones que caminan por la superficie del sol cuando tienen hambre.
Mi madre fue a parirme entre zarzas para labrarme en la piel la palabra fiera y alimentar con la mezcla de nuestras sangres piras de dignidad y memoria. Cada equinoccio pronuncio los misterios tal y como debe hacerse, nunca me abandonan las serpientes, cada solsticio aspiro el humo de las raíces y escucho el crujido de la piel seca de la sibila. Ya no temo ceder mis despojos al coro de lombrices, comprendido el mecanismo del renacimiento, dejo que engorden y horaden la tierra en la que vine al mundo, porque en la región fantasma de mi voluntad conservo las voces de todas ellas, mis matronas, puedo desandar el camino de la víctima cuando quiera, las desheredadas me guían, nada me falta.
Poema XI, LA HABITACIÓN DE LAS HORAS MUERTAS. Ed. Seix Barral

