Todo es mentira

Adictos

Adictos
15/10/2022

Un escenario blanco reluciente; un níveo vestuario en contraposición a la oscura verdad/mentira que se desvelará al final de la obra; tres grandes actrices al servicio de una historia que, para bien o para mal, nos resulta demasiado familiar. En un futuro no muy lejano, Estela Anderson (Lola Herrera) asiste a la presentación de la última actualización de Nova 7, un asistente virtual, cuando se produce un sangriento atentado terrorista. A partir de ese momento, los principios sobre aquello en lo que creía se irán desmoronando. Guerras, crisis, auge de pensamientos totalitarios, desinformación… ¿Cuántos datos compartimos sobre nosotros en las redes sociales? ¿Hasta qué punto somos prisioneros de un mundo digital que conoce cada uno de nuestros pasos? Estos son solo algunos de los interrogantes que plantea la función al espectador. En una sociedad que parece empeñada en vivir todo a través de la red, ¿cuál es el lugar que ocupan los recuerdos? La protagonista sufre un episodio de amnesia del que se irá recuperando a medida que avance la trama, una amnesia que puede ser vista como metáfora de esa desmemorización que sufrimos como consecuencia de las fake news que atentan contra la verdadera realidad. Frente a eso, surge el activismo revolucionario, un activismo que me trajo a la mente la película The east (2013) de Zal Batmanglij. Los ecos de la caverna de Platón resuenan en esta distopía, pero también los de la cinta Her (2013) de Spike Jonze en cuanto a las relaciones que establecemos con y a través de la red. La obra posee un ritmo agilísimo y un dinamismo en el entrar y salir de los personajes en el escenario que hace que la función pase en un abrir y cerrar de ojos, como en el mejor episodio de Black Mirror.

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