¿Somos realmente independientes a la hora de decidir los pasos a seguir en la vida? ¿Nuestras decisiones son complétamente objetivas o nos dejamos influir, sin darnos cuenta, por terceras opiniones? ¿Nos gusta lo que hacemos? ¿Somos capaces de decidir nuestros objetivos sin pensar en los daños colaterales? Todas estas preguntas filosóficas son las que nos hacemos cuando salimos de ver esta obra; pero con la sensación de que hemos disfrutado, reido y aprendido al mismo tiempo.
Bajo el subtexto de un partido de futbol, se van desgajando los sentimientos de los cuatro protagonistas, de sus hijos e incluso de su madre Victoria, que es la única que hace lo que realmente quiere y cuando quiere.
Como en la melodía el Bolero de Ravel, la obra arranca de una manera sencilla y de poco a mucho, llega a alcanzar su clímax máximo. Los personajes pasan por todos los estados de ánimo, arrancándonos risas y carcajadas al mismo tiempo que nos hacen reflexionar.
Las interpretaciónes de Amparo Larrañaga, Iñaki Miramón, Mar Abascal y Juli Fábregas son perfectas ya que cada uno está en su personaje y sus reacciones son orgánicas y creibles, a cual mas jocosa; incluso en alguna ocasión nos puede asomar alguna lagrimita…
Un montaje muy perspicaz donde lo menos importante es el futbol y lo más son las decisiones que toman nuestros personajes respecto a sus hijos y sus vidas.
Terminando con la filosofía: si una obra de teatro es buena, inteligente y divertida, ¿por qué no ir a verla?
