Dos machos verdes fritos

¡No hay nada mejor que cachondearse de uno mismo!

José Antonio Alba
Una opinión de José Antonio Alba
24/06/2018

A priori el título puede despertar algo de recelo, Dos machos verdes fritos, pero ya se sabe que no debemos juzgar el libro por la portada y menos si la ocasión que se nos presenta es la de contar con David Verdaguer en un escenario de la capital -¡y en plan cómico!- algo que de momento se da en muy raras ocasiones, así que ya es motivo suficiente para pasar por taquilla. Aquí estamos acostumbrados a verle en cine, cuando está claro que su hábitat natural es el teatro.

Dos machos verdes fritos es un ser bicéfalo, con la voz y la energía de Vedaguer y la presencia y música de Óscar Machancoses. Un viaje autoparódico por el mundo masculino, de una irreverencia inocentona que se lame las heridas a golpe de canción, que tan pronto te canta un bolero como se rasca los huevos y que te hace ver lo iguales que somos cuando lo que nos tocan es el corazón.

Verdaguer y Machancoses son divertidos, ocurrentes, algo canallas, incluso infantiloides, tienen un repertorio de canciones chispeante, maravillosamente interpretadas -¡Otro descubrimiento, el Verdaguer cantante!- que salpimentan un monólogo que huye del concepto ‘polite’, haciendo que el tiempo vuele y te quedes con ganas de continuarlo fuera del teatro, en el bar de al lado, regándolo con unas buenas cervezas o un copazo y terminarlo llegando a casa casi a gatas, pensando “Joder, ¡qué noche!”.

Hace falta más humor sin censuras que nos haga llevarnos las manos a la cabeza mientras soltamos carcajadas escandalizadas, que escupa burradas y a la vez nos despierte ternura.

¡Ojalá podamos contar con estos Dos machos verdes fritos más tiempo por aquí!

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