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15 años de magia, belleza y artesanía en la Gran Vía

El Rey León

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El Rey León → Teatro Lope de Vega
10/03/2026 - Teatro Lope de Vega

Quince años en cartel no se cumplen todos los días, es un fenómeno a celebrar por todo lo alto. El Rey León se ha convertido ya en el musical más longevo de la historia del teatro musical en España, batiendo todos los récords posibles y consolidándose como uno de esos espectáculos que parecen hechos para quedarse en la Gran Vía madrileña a lo Broadway. Y hay muchas razones que le llevan hasta lo más alto:

La historia, como bien dice su director residente Zenón Recalde, ha envejecido muy bien, y los temas universales que toca siguen resonando hoy: la vida y la pérdida, ese ciclo de la naturaleza que tenemos que aceptar con sus luces y sus sombras, la belleza de todo esto… Hay algo muy bonito en el fondo de esta historia: la conexión con la naturaleza, el respeto por los ritmos de la vida y esa idea de equilibrio que atraviesa todo el musical.

Más allá de la historia, otro punto que hace de este montaje algo único y que lo convierte en una experiencia muy especial es la artesanía que hay detrás de cada detalle. Vestuario, maquillaje, escenografía… todo está cuidado con mimo, precisión, color, belleza… Y para mí es especialmente fascinante el trabajo con las máscaras y marionetas. Esa magia del musical en la que vemos al mismo tiempo al artista y al personaje que representa, a veces incluso desdoblados entre intérprete y animal, con un nivel de precisión quirúrgico. En este sentido destacan especialmente Juan Bey como Zazú, un trabajo muy delicado que demuestra la complejidad de manejar marioneta y personaje a la vez. También funcionan muy bien Timón y Pumba, interpretados por Antonio Curros y Ramón Balasch, que le dan ese punto humorístico tan necesario al espectáculo. Y de los personajes protagonistas me quedo con Nala, que interpreta, se mueve y canta como una auténtica leona, bravo, Dianne Kaye.

Quizás, hay quien se dé cuenta que las letras de las canciones no coinciden exactamente con las que una gran parte de millennials recordarán de la película —la adaptación que llegó a España parte de la versión latinoamericana—, pero eso no empaña la experiencia. El espectáculo entra por los ojos, los oídos y te eriza la piel en varios momentos. Todo funciona como un engranaje perfecto, una maquinaria de unas 200 personas haciendo que todo encaje con precisión. Un trabajo colectivo enorme que explica por qué, quince años después, este musical sigue llenando el teatro función tras función.

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