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Estoy intentando romperte el corazón: Entendimiento, reflexión e identificación, las tres mágicas fases.

Estoy intentando romperte el corazón
25/04/2018

Gabriel Ochoa y José Miguel Sánchez, junto a un sobresaliente reparto,nos ofrecen una hora y media de pura magia escénica en la acogedora sala “Intemperie”, que consigue llevarte sin ningún preámbulo a la habitación 308/309 de un hotel en el mismísimo Chicago.

A raíz de la gran interacción principal de Jose Miguel Sánchez (David), los pensamientos racionales del ser humano luchan por no dejarse llevar por los sentimientos; entrando en una reflexión personal dominada por la presencia de una brillante Pauline (Marta Walls). Y es que… ¿no todos hemos parado a pensar dos minutos en si hacer caso a la razón o al corazón?

La historia de David y la francesa, dominarán la escena hasta el punto de hacer pasar al espectador por la fase de entendimiento de la posición de ambos personajes, planteada como homenaje a “Tres sombreros de copa” de Miguel Mihura; llegando a reflexionar sobre situaciones personales, conducidas por pequeños monólogos del protagonista y finalizando en una identificación directa con la historia, aunque no sea en las mismas circunstancias.

Es una de las cosas que más me gustaría destacar de esta brillante actuación. Te ves a ti mismo evolucionar con los personajes que tienes a menos de 2 metros (literalmente) sintiéndote parte de una visita sin retorno que parece cosa de brujería. ¿Y no es esa la magia del teatro?

Las sorpresas no paran de llegar en el hilo argumental de la historia, sobretodo, llegados más o menos a la mitad de la actuación dónde, el protagonista (David) invita al público a una inesperada sorpresa deambulando entre preciadas palabras, para después, empezar de nuevo la historia; esta vez, en la habitación 309. Un uso inteligente y extremamente original de conducir al espectador a un nuevo hilo temporal que irá cobrando sentido hasta llegar al final. Raúl Ferrando y Leticia Montevera (Robert y Mar) terminan por poner el broche de oro a un diez de actuación, manteniendo esta “nota” a lo largo de toda la obra. Maravillosos.

La sonrisa de la más pura comedia absurda felicita a nuestros sentidos finalizando con una cadena de aplausos sin final ante la gran utilización del espacio, la conducción escénica de los autores y el gran rato que nos hacen pasar: Amor, celos, engaño, risas, diversión y reflexión, todo ello, en esta maravilla.

Y… cómo diría un sabio Robert, “¡Vivamos! que la vida son tres días, y el del medio, nos toca trabajar”

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