Five easy pieces

2/07/2017

La crudeza adulta representada por niños

Fuera de nuestro país, hay una gran confianza en los niños sobre el escenario, dejándolos llevar todo el peso de una obra y demostrándonos que son totalmente capaces de hacerlo. No nos engañemos, esto casi no pasa aquí y son contadas las ocasiones en que podemos verlo, lastimosamente. Por ello, entre muchos otros motivos, obras como ésta resultan un soplo de aire fresco y una manera diferente de ver y sentir el teatro.

Por otra parte, la puesta en escena resulta impecable y original, manteniendo una directa simbiosis con la misma historia que se narra. Así, tenemos teatro dentro del teatro (con la opción de estar al mismo tiempo también dentro del cine), una realidad vista por actores que a la vez son personajes o un paralelismo entre la actuación infantil y la adulta. Y por si esta deliciosa complejidad, pero fácil de digerir, no fuera suficiente, tenemos niños interpretando papeles de adultos de gran crudeza, reflejando unos sentimientos que por edad no les corresponden y que son capaces de transmitir. Estamos ante un juego teatral espléndido que emociona, nos hace reír y nos sorprende a partes iguales. Realmente, presenciar la actuación de estos niños, imitando a la perfección papeles adultos, con las emociones correspondientes, alrededor de una temática tan compleja como es la de un asesino de niños, nos abre grandes interrogantes y nos pone la piel de gallina al mismo tiempo. En este sentido, se trata de una obra con diferentes niveles de lectura y de análisis presentado con una aparente sencillez que es de admirar, convirtiéndola en una de las mejores propuestas de la temporada.


Todo lo que necesitas para ir al teatro

Five easy pieces

Five easy pieces

El director suizo Milo Rau lleva a escena el caso del asesino de niños Marc Dutroux que conmocionó Bèlgica en 1996. Un espectáculo interpretado por niños. Una experiencia de confrontación en la que se mezclan cuestiones estéticas y morales.

Premio Especial del Jurado en los Premios de la Crítica de Teatro y Danza de Bélgica temporada 2015/16.

Hace cien años, Igor Stravinski escribió Cinco piezas fáciles para enseñar a sus hijos a tocar el piano. Con Seven Easy Pieces, Marina Abramovic llevó a cabo algunos de los momentos más representativos de la performance. Ahora Milo Rau inicia a los niños en la absurdidad emocional y política, y en los pozos sin fondo del mundo adulto. ¿Qué significa involucrar a los niños en el teatro para adultos? ¿Qué nos cuenta esto del poder y la sumisión, del teatro y de la interpretación, del mimetismo y la humanidad?
Five Easy Pieces es un experimento. En cinco ejercicios de absoluta simplicidad, escenas cortas y monólogos a cámara, los jóvenes actores adoptan varios roles: un oficial de policía, el padre de Marc Dutroux, una de las víctimas, o los padres de una niña muerta. Y lo hacen a través de las reproducciones que hemos ensayado junto con actores adultos: una visita al lugar de los hechos, un funeral, una escena cotidiana de la vida del padre de Marc Dutroux. Por un lado, se va desplegando un panorama de la historia de Bélgica, desde la declaración de independencia del Congo hasta la Marcha Blanca de octubre de 1996. Por otro, el espectáculo considera los límites de lo que los niños saben, sienten y se les permite hacer. ¿Qué significa observarlos en estas escenas? ¿Qué hacemos con nuestros propios miedos, esperanzas y tabús?

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