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La boda de tus muertos: La familia perjudica seriamente la salud

La boda de tus muertos
26/04/2018

…Otras muchas cosas también, pero la familia se lleva la palma. No es algo que precisamente nos descubra “La boda de tus muertos” (seguro que ya te habías dado cuenta en primera persona). Lo que sí hace la obra es subir la idea a escena demostrando un valor, por parte de sus responsables, que pocas veces tenemos ocasión de disfrutar.

Es difícil hablar de los puntos fuertes de “La boda de tus muertos” sin arruinar parte de su encanto. ¿El principal? El talento de su director, Pablo Canosales, para imbuir al tono general de la obra del carácter cambiante y confuso del que adolece la familia de todo hijo de vecino: ¿es una comedia o un drama? ¿hiperrealismo o humor absurdo?. Es precisamente en esta esquizofrenia de género (en la que incluso el terror tiene cabida) donde creador y actores se topan con un posible talón de Aquiles que sortean con solvencia y creatividad: no todos los públicos están preparados para enfrentarse a tan extraño pero estimulante gazpacho escénico.

Los protagonistas, un matrimonio y dos de sus hijos, se llevan una desconcertante sorpresa nada más llegar al enlace del primogénito de la familia. Primera de una serie de extrañas situaciones en las que les acompaña un camarero de carácter tan impertinente como todo lo demás en esta extraña celebración. Independientemente de que el espectador agradezca los giros narrativos o supongan un frenazo en su divertimento, es admirable la forma en que Canosales teje su maraña de sentimientos. Porque, al igual que la propia familia, la suya (la escénica, queremos decir) te hace reír y al instante siguiente te arroja a la cara un cubo de agua fría difícil de encajar.

Que una función en permanente acrobacia entre el absurdo y el drama resulte coherente y no chirríe por los goznes es mérito, también, de sus cinco maravillosos actores: Lucía Bravo, la madre, que como buena andaluza amante de las tradiciones no quiere renunciar a lucir mantilla, aunque su hijo le haya hecho el feo de no escogerla como madrina del enlace, Mauricio Bautista, el padre, de carácter impulsivo, Víctor Nacarino, el hijo poeta, intelectual, cuyas inquietudes le sitúan en las antípodas de sus progenitores, Sara Mata, la hija que huye a la capital, para hacer su propia vida, y César Sánchez, el camarero, cuya principal motivación parece sacar de quicio a los comensales.

Hay tanta mala leche en “La boda de tus muertos”, y, al mismo tiempo, tanto dolor contenido, tanto reproche, que, como de costumbre, uno sale de la obra de Canosales con el cerebro en ebullición. Cosa que es de agradecer. Porque si “La boda de tus muertos” hubiese sido una comedia plana, sin montes ni valles, uno reiría a mandíbula batiente y se iría a casa con un buen sabor de boca, pero olvidaría la función a la mañana siguiente. Hay que ser valiente para apostar por la tercera vía. La que viene a girar la tuerca respecto a esa vieja máxima que, por desgracia, todos tenemos muy aprendida: que en todas las familias cuecen habas.

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