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La noche de las tríbadas: Siri, ¿Fue Así?

La noche de las tríbadas
29/11/2016

Lo ha vuelto a hacer otra vez, Miguel del Arco ha vuelto a traernos un texto por el que ya han pasado años (El original de «La Noche de las Tríbadas», de Per Olov Enquist es de 1975) y que a primera vista puede parecer denso; y lo convierte en una función llena de ritmo, con un elenco increíble, una puesta en escena sin excesos, y sobre todo ACTUAL. La mayor virtud de Miguel del Arco es esa capacidad de usar los clásicos, analizarlos con su ojo profundo y hacer que esos textos hablen de manera actual, que muevan al público de hoy.
Miguel del Arco es Dramaturgia Actual, capaz de hablar al hombre de hoy en día.

Miguel dirige esta dramedia dentro de su ciclo en el Teatro Pavón Kamikaze de «Femenino Plural» cuyo tema principal es la misoginia de un autor que a primeras sorprende que sea así: August Strindberg. Esa misoginia de Strindberg es la misoginia de la mayoría de los hombres y de la sociedad durante siglos, una misoginia violenta y anuladora contra la que la mujer de Strindberg, Siri, se revuelve. El texto empieza con mucho ritmo y mucha diversión a la vez que se desvela las personalidades de Strindberg, bien defendido por Jesús Noguero, y Siri, Manuela Paso. La única pega es que hacia la 2º mitad del texto el ritmo decae un poco y hay muchas situaciones que tardan demasiado en resolverse y en pasar a la siguiente, como una escena un poco de «batalla de sexos» en la que los chicos están en un lateral del escenario y las chicas en otro. Por el resto la dirección de Del Arco es maravillosa. Durante toda la obra se palpa la tensión entre los personajes, se respira el rencor.
Y los actores… vamos. Manuela Paso no es que esté bien, se sale de todas sus marcas. Brilla, absolutamente se come la obra, el escenario, el público, el teatro y todo el barrio de la Latina. Transita por mil estados, situaciones y sentimientos. Pasa de uno a otro con credibilidad, no sobreactúa. Esta mujer está para llevarse un Oscar. Dani Pérez Prada le saca un jugazo a un personaje en principio más insulso, el alivio cómico, el que rompe la tensión. Y le da aristas, gracia y se defiende genial. Miriam Montilla tiene un personaje un poco más plano hasta llegar al final en una escena en la que domina la acción y se come a Strindberg.

Esta es una obra para que no se la pierda nadie, a la que le deseo muchos éxitos, porque obras como estas deberían estar en todos los teatros de Madrid.

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