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La visita: Buena arquitectura dramática

La visita
9/11/2017

Con tono de costumbrismo amable, Carmen Resino trae a escena uno de esos episodios secundarios de la Segunda Guerra Mundial que casi nadie recuerda ya: la visita de Adolf Hitler a París el 28 de junio de 1940. Rodeado del más absoluto incógnito, cumplió uno de sus sueños menos ocultos: visitar la ópera Garnier y la tumba de Napoleón en los Inválidos. En tres horas recorrió un París que habría de capitular en días. El propio militar refiere la sorpresa del vendedor de prensa y el enojo de una vecina desde la ventana como únicos testigos de aquella visita secreta que comenzó a las seis de la mañana.

En esta función se recrea la imaginaria conversación entre uno de los empleados del edificio, que habría de ejercer de guía para semejante invitado, y su esposa en el ambiente relajado del hogar, tras la tensión de la visita. Hay buena arquitectura dramática; se juega con toques de humor para dar una visión humana del drama que la población vivía. Los diálogos pecan de una corrección más académica que familiar y los picos de tensión son correctamente moderados en este ámbito íntimo. Las interpretaciones de Pilar Barrera y Luis Perezagua son técnicamente adecuadas, con una buena dicción y un recorrido por etapas de duda y cambio de valores y perspectivas. La escenografía colabora en el logro de ese ambiente que favorece la confidencia y el diálogo más que el grito.  Continuar leyendo en…. TRAGYCOM

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