Te voy a pedir que cierres los ojos y busques en tu memoria ese día en que te quedaste a dormir en casa de una amiga, de una pareja, de alguien que en mitad de la noche se ponía a hablar solo, se levantaba y actuaba como si estuviera lúcido…mientras estaba dormido.
Quiero que recuerdes qué sentiste al ver cómo esa persona que estaba viviendo en su propio sueño decía cosas coherentes, inconexas pero lógicas. A mí esa escena me maravilla, me revuelca la curiosidad y me pone a pensar en lo sabia y clarividente que puede llegar a ser una persona cuando no busca saber nada, cuando el cerebro no necesita aparentar.
Los sonámbulos, una obra de las compañías El Hangar” y Nessumo Collective interpretada por Antonio Aguilar y José Emilio Vera, me conectó con esta sensación que os pedía que buscarais en vuestro recuerdo. Es un viaje. onírico y terrenal. Una invitación a colocar la mano a modo catalejo, y mirar distinto lo que. nos rodea, más profundo, hacia lo minúsculo.
No sé si tú, que lees esta reseña, has visto la obra Moisés, un homenaje a la infancia, del mismo director e intérpretes, pero en esta noche de sonámbulos, vuelven a escena a revivir su historia.
La función tiene golpes de humor que se cuelan entre las gotas de iluminación que se les escapan a unos personajes con insomnio e infusión con vitaminas aptas para pensar más allá.
Los sonámbulos no te va a quitar el sueño, pero quizás si te deja algún que otro hilo del que tirar y volver a pensar.