Moonrise es un monólogo duro y delicioso a la vez, como la vida misma. Supone un encontronazo con una realidad áspera, pero transformadora a la vez. Una pieza que pone los pelos de punta, cruel y tierna a partes iguales.
La actriz y dramaturga, Carolina Isaacs, se desnuda de corazón para enseñarnos cómo sangra, reposa, repara y vuelve al ruedo de la vida.
No esperes ríos de lágrimas, gritos y ropas rasgadas. No es una catarsis histérica. Es un camino de baldosas que transforma.
Un paso que ella afronta con la serenidad que dan los años, y con la mirada optimista que parecen haberle regalado sesiones de terapia, y mucho cariño hacia sí misma.
Un trabajo muy interesante para ver, sobre todo si estás en un momento vital (llámale 40s, llámale 50s) en que te planteas qué carajo es esto de la vida que se te escurre de las manos.
Me gusta capturar esos momentos de realidad y hacerlos míos. ¿Qué habría hecho yo en esa situación? ¿Cómo habría reaccionado? ¿Estaría tan entera y tan valiente como aparenta Isaacs? Quién sabe. Lo que sí tengo muy claro es que moriría por tener en mi ropero esa obra de arte hecha abrigo que enmarca una escenografía sobria y efectiva.
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TE GUSTARÁ SI: te van los espectáculos de pequeño formato, contados en primera persona, enternecedores y duros.
SPOILER ALERT: habla del Opus Dei.
