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Muñeca de porcelana: Lección de veteranía

Muñeca de porcelana
22/03/2018

De un dramaturgo como David Mamet, ganador del premio Pulitzer de teatro, autor de más de treinta obras, guiones de cine y que, incluso, ha dirigido diversas películas, podemos esperar que, a estas alturas, se permita abordar ciertos nuevos proyectos desde una perspectiva más caprichosa. Muñeca de porcelana es un texto que, para su estreno en Broadway, Mamet escribió especialmente para ser protagonizado por Al Pacino. De este modo, la propuesta es un regalo al servicio del lucimiento del actor principal, repleto de monólogos contundentes, frases grandilocuentes, giros, palabrotas y una construcción psicológica no tan compleja como llamativa. Esta versión de Bernabé Rico dirigida de forma correcta por Juan Carlos Rubio tiene la fortuna de contar con el grande José Sacristán que demuestra tener talento suficiente para brillar por encima de la propia historia. Y es que, desgraciadamente, estamos ante un trabajo demasiado rutinario de Mamet, con muchas de sus cualidades habituales, pero también grandes altibajos de ritmo, interés y un desaprovechamiento del propio universo donde habitan los personajes. Los conflictos parecen desvanecerse tal como nacen pasado un rato… para dar paso a otros y, después volver para girar sobre sí mismos. Además, son tan externos a la situación escénica que el juego que ofrecen acaba por importar menos que, en sí, la lucha dialéctica contra el teléfono móvil. Los mejores puntos, en realidad, son los enfrentamientos con el otro personaje, interpretado aquí por un solvente Javier Godino a la altura de las circunstancias, que ayudan a reavivar una trama global algo espesa. Sin embargo, el montaje vale la pena sólo para presenciar la fuerza, precisión, seguridad, energía y temperamento de un maestro de la interpretación en un fantástico estado de forma.

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