Desde que empieza la función te atrapa y te mete en el Londres de 1830, donde el hambre acampaba a sus anchas por las calles. Un niño huérfano acaba de llegar, le llaman Oliver Twist y enseguida se integra en la banda de Fagin, quien es básicamente un cruce entre mago, abuelo travieso y emprendedor del crimen en prácticas.
Un musical en el que los niños cantan mejor que muchos adultos y los villanos y la justicia tienen un ritmillo pegadizo. Es un espectáculo con mucho pulso: voces potentes bailes enérgicos y un gran equilibro entre emoción y entretenimiento.
Sin duda un musical de los que gustan desde el principio y mejora con cada escenografía.
