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Un cuarto para 3: ¿A quién salvarías?

Un cuarto para 3
20/10/2019

¿Cómo se comporta el ser humano cuando se encuentra en una situación límite? Esta es la pregunta que parece plantearnos Un cuarto para tres, del Grupo Teatral Ágora. Las actrices Andrea Castro, Claudia de la Fuente-Ropero y Marisa Di-Gó interpretan a tres personajes femeninos muy diferentes entre sí, al menos a primera vista, que se ven atrapados en el mismo cuarto sin salida, sin saber muy bien cómo ni por qué han llegado hasta allí.

La propuesta de Ágora es casi una experiencia inmersiva, que recuerda a las películas de Saw y el encuentro entre los personajes secuestrados. Desde un primer momento, la música heavy metal o similar nos pone en situación: el espectador siente el ambiente enervante, la sensación de claustrofobia, el miedo de las protagonistas y su incertidumbre. Por otro lado, el cambio de luces contribuye al realismo de la obra, creando instantes de oscuridad seguidos de escenas rápidas y silenciosas, de inspiración cinematográfica, que muestran el paso del tiempo y el estado de las mujeres.

En este zulo, vemos tan solo un inodoro y unas cuantas cajas de cartón. No hay escapatoria posible. Las protagonistas son conscientes de que alguien deja víveres, drogas y alcohol, y objetos para ellas, apaga las luces y pone música cuando le parece. Ante tal entuerto, se cuentan su vida, sus traumas y sus vivencias, buscan cosas en común, piensan en un posible plan para escapar, se interrogan las unas a las otras y terminan enzarzándose en fuertes discusiones. He de decir que, aunque eché en falta el elemento o la reflexión existencial en las varias conversaciones, el tono callejero, descarado y práctico de los personajes expresa inevitablemente las contradicciones del ser humano y permite los toques de humor negro.

El trabajo actoral es uno de los puntos fuertes y sustentos de esta obra, que mantiene el suspense de principio a fin. Se nota la cuidadosa y concienzuda labor en la construcción de los personajes a base de retazos de sus vidas y personalidades. Se trata de personajes escurridizos, vestidos de cierta ambigüedad y misterio, en absoluto planos. En cuanto al final de la obra, he de comentar que, aunque en parte original, podría resultar forzado, confuso o exagerado más que sorprendente en la manera de aunar vida y teatro. No obstante, es un final con una intención clara y un cierre apropiado a los momentos anteriores, de gran tensión.

Un cuarto para tres es un montaje entretenido, sencillo y efectivo sobre la convivencia, la capacidad de adaptación y el instinto de supervivencia que mantendrá pegados a la butaca incluso a aquellos espectadores poco amantes de este género. ¿Lograrán empatizar con alguno de los personajes? Destacan especialmente las interpretaciones de Andrea Castro y Marisa Di-Gó, convincentes de principio a fin; por su parte, Claudia de la Fuente-Ropero, que interpreta al personaje aparentemente más tranquilo, y quizá con mayor recorrido, asume el riesgo y se crece escena tras escena convirtiéndose en una mujer tremendamente tierna, de palabras estremecedoras. Les invito a descubrir el trabajo de esta joven compañía. Lo merece.

 

 

 

 

 

 

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