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Un país sin descubrir de cuyos confines no regresa ningún viajero: El arte de morir

Un país sin descubrir de cuyos confines no regresa ningún viajero
13/11/2020

Un país sin descubrir … referencia que Shakespeare hace de la muerte en Hamlet, es, en sí, más que un espectáculo, una adaptación de las transcripciones de las conversaciones que Alba, la actriz y el personaje, tuvo con su padre durante su último ciclo de quimioterapia. Él, catedrático de historia económica, aporta riquísimas valoraciones relacionadas con el individualismo, la deriva de nuestra sociedad, el amor y la vida, siempre teniendo presente la muerte como destino de todo. Se trata de un homenaje delicado a una persona con mensaje por parte de alguien que sabe hacer que sus palabras tengan el trato que se merecen. Y se nota. Y hace que el espectáculo fluya, llegue … La dirección y la autoría de Àlex Rigola, bajo el sello de la compañía Heartbreak Hotel, sigue indagando en lenguajes escénicos para encontrar nuevas formas de narración. Y esta aporta muchos puntos para alcanzar lo que su espíritu de investigador anhela conocer mejor el ser humano.

Enfrentarse a la muerte no es una cuestión menor. La muerte es probablemente una de las pocas verdades de la vida. Quizás la única. Por lo menos, la primera. Saber vivir, según indican los que dicen que saben, sólo se puede hacer teniendo presente la muerte. Una vida vivida de forma plena, parece que debe tener como referencia esta finitud del ser humano. Y hay una preparación, una forma de saber morir. Cada uno se acerca a la muerte como ha vivido, y el verdadero arte consiste en saber morir. Si hemos tenido una vida plena, si hemos sabido corregir errores y hemos sido coherentes con nosotros mismos, morir se merece una celebración y todo …

Estas son palabras del Dr. Enric Benito, experto en cuidados paliativos. Detrás de Alba Pujol haciendo de ella misma, y ​​de Pep Cruz poniendo voz de forma magistral los pensamientos de Josep Pujol, padre de Alba, el Dr. Benito interviene de forma poderosa en este equilibrio delicado entre personaje y actor, de realidad y ficción, a través de un mensaje en vídeo que en Rigola le encarga por José, a las puertas de la muerte. Y deja huella. Y da la vuelta al sentido de la dramaturgia, a mi criterio, y sitúa al espectador lejos del placer de la escena y de dejarse llevar por sensaciones y matices. Le hace adoptar un rol receptor, paciente. Sorprende, transgrede, a mi criterio, el sentido del texto. Hace que pierdan sentido, se queden en un segundo plano, buena parte de las máximas que el protagonista expresa y que hacen pensar, para dejar en la mente de la audiencia el debate sobre el arte del buen morir. Y quizás no era esto …El texto es sensible, la interpretación es fantástica (Pep, cuánto talento …), la puesta en escena es sobria de forma ajustada. Hay detalles, sin embargo, que transmiten una sensación de intimidad transgredida que te deja intranquilo. Porque quien escucha ya no se encuentra sólo un texto teatral. Porque se habla de una realidad a la que te invitan a participar. Y, sobre todo, porque, en la parte final de la obra, aunque te ronda por la cabeza si discrepas de la tesis que hay que prepararse para saber morir, que morir es un arte … y se te hace cuesta arriba recuperar la dimensión que corresponde.

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