Pablo Rosal, autor y director de A la fresca, propone una sugerente fábula sobre el encuentro de tres desconocidos a través de la conversación. Una conversación que, si permanecemos atentos, es capaz de crear comunidad. Una comunidad de tres, proporcionada y en miniatura, capaz de acogernos a todos nosotros. Esta obra efervescente, que se sostiene en la pequeñez de la charla y las palabras, está construida como un rosario de metáforas que multiplican sus significados al colisionar con nuestro cerebro.
Pablo Rosal, autor y director de A la fresca, propone una sugerente fábula sobre el encuentro de tres desconocidos a través de la conversación. Una conversación que, si permanecemos atentos, es capaz de crear comunidad. Una comunidad de tres, proporcionada y en miniatura, capaz de acogernos a todos nosotros. Esta obra efervescente, que se sostiene en la pequeñez de la charla y las palabras, está construida como un rosario de metáforas que multiplican sus significados al colisionar con nuestro cerebro.
En una casa de campo idílica, corrompida por la inevitable práctica humana y familiar, tres personajes se conocen gracias a las virtudes de salir al fresco. Eusebio, un escritor que busca refugio, regresa después de veinte años a la que fue la casa de campo de sus abuelos. Allí se encuentra con Matilde, una cocinera, y con Manolo, un albañil de la región. Eusebio, ante la imposibilidad de usar la casa para lo que desea, ya sea por culpa de su familia o de los alquileres vacacionales, proyecta construir una cabaña en la que volver a sentir la inspiración.
En este espectáculo Pablo Rosal construye un artefacto único cargado de poesía. Un relato tierno donde el universo funciona y sigue siendo dulce. Donde todavía conversamos con el vecino. Donde se celebra eso tan corriente de sentarnos al fresco para no hacer nada.





