En 1983, Bárbara Grandío nació de un embarazo ectópico. Contra todo pronóstico.
Cuarenta y tres años después, decide subirse a un escenario para intentar averiguar qué ha hecho con aquella primera victoria.
Contra todo pronóstico es un espectáculo de humor autobiográfico sobre ser la rara, las etiquetas, no encajar del todo y aprender a convivir con la distancia entre quién eres, quién creías que ibas a ser y quién se supone que deberías ser.
Y como pensar en todo esto sola sería demasiado fácil, cada noche Bárbara invita a alguien diferente a sentarse con ella. Una conversación sin demasiadas certezas dentro de un formato al que le gusta llamar postmonólogo: algo así como lo que viene después del
monólogo. Porque no es exactamente un monólogo, ya que participa un invitado; ni una entrevista; ni un podcast.
Por algo se llama Contra todo pronóstico. Ahora, puedes disfrutar de esta obra en el Teatro Lara de Madrid.
Todos hemos sido el raro alguna vez.
El que no encajaba en el grupo, en el cuerpo que se suponía que tenía que tener, en el trabajo, en una relación, en su propia familia o, simplemente, en ese lugar en el que parecía que todo el mundo sabía perfectamente cómo comportarse menos él.
Contra todo pronóstico nace de ahí. De todas esas veces en las que alguien decidió qué era lo correcto, lo deseable, lo bonito, lo normal o lo que debía encajar y nosotros tuvimos que decidir qué hacer con todo aquello que se salía del molde.
Bárbara Grandío convierte su propia historia en el punto de partida de una noche para reconocernos en nuestras rarezas, reírnos de ellas y, con un poco de suerte, salir queriéndolas bastante más de lo que entramos.
Porque aquí el humor no sirve para quitar importancia a lo vivido, sino para darle la vuelta. Para mirar aquello que otros señalaron como un problema y preguntarnos si alguna vez lo fue. Para dejar de corregir a quien no encaja y empezar, de una vez, a cuestionar el molde.
Y no lo hace sola. Cada función se sienta junto a ella una persona invitada diferente que no sabe exactamente qué se va a encontrar. Su historia se cruza con la de Bárbara y, casi inevitablemente, con la nuestra. Cambia el invitado, cambian las respuestas y cambia la noche. De esa mezcla nace el postmonólogo: un poco monólogo, un poco conversación, un poco entrevista y bastante de todo aquello que solo puede ocurrir cuando no está todo previsto.
Aquí nadie viene a aprender a encajar.
Venimos a reivindicar aquello que nos hace únicos en un mundo que se empeña demasiado en que nos parezcamos. A descubrir que estar fuera del molde también puede ser un lugar estupendo desde el que mirar el mundo.
Y, ya que estamos, a reírnos de todo aquello que otros se empeñaron en convertir en un drama.
Con un poco de distancia, casi todo mejora como anécdota.


