INK, pieza alumbrada en 2020 al calor del encierro pandémico, plantea un formato más reducido de lo que hemos visto de este creador en Madrid en los últimos tiempos (The great tamer y Transverse orientation), pero la belleza plástica que propone tiene igual dimensión. En 2022 su creador la retoma y la reelabora para una gira internacional, saltando él mismo a escena, y esto cabe resaltarlo, porque no siempre se tiene el privilegio de ver en escena al propio Papaioannou, en este caso en un tour de force apasionado junto al impresionante bailarín alemán Šuka Horn. A Madrid llega tras su paso por Atenas, Milán, Roma, Montreal, Seúl o Barcelona.

Aviso: el espectáculo contiene desnudos integrales

Sinopsis

“Del agua me gusta cómo suena y, sobre todo, que es una manifestación de la Naturaleza”, dice Dimitris Papaioannou, pintor antes que coreógrafo, pintor antes que director escénico, pintor antes que escenógrafo.

Papaioannou visualiza sus piezas antes de que empiecen a ser materia y cuerpo, sobre todo cuerpo, sobre todo desnudo, porque como pintor y como griego, los cuerpos desnudos de la estatuaria clásica son fuente y alimento. “Me gusta mucho el cuerpo desnudo y quiero ser alguien que te llama al teatro, y que, entre otras preguntas sobre la vida, te ofrece apreciar la belleza de la juventud en todos sus aspectos: estéticos, filosóficos y con sus connotaciones eróticas. Estoy compartiendo contigo algo que soy, algo que me mueve, algo que me obsesiona”.

INK es agua y es cuerpo, es líquido y carne, naturaleza viva y desnuda, danza y lucha, mirada y gemido, silencio y luz. Es una pieza emparentada con otra anterior, Primal matter (2012), que partía también como dúo entre el hombre vestido y el hombre desnudo. Artista y modelo, padre e hijo, hombre maduro seduciendo a hombre joven, o como sugiere el crítico Roger Salas, gran conocedor de la obra del griego, un tête-à-tête y un cuerpo a cuerpo que “remite a esquemas arcaicos, del mundo antiguo, de la literatura, la historia, la mitología, el teatro o la poesía: Aquiles y Patroclo, Alejandro y Hefestión, Cratino y Aristodemo, Caritón y Melanipo, Damón y Fintias, Harmodio y Aristogiton, Cleómaco y Filisto. ¿La pareja de hombres de INK y sus acciones son una propuesta de evocación (revivificación figurada) de alguna pareja legendaria?” Hay hasta quien ha visto un capitán Ahab empleándose a fondo, bajo los cortinajes violentos de agua salada, contra su monstruo interior. Sea como sea, hay todo un universo creado entre esas dos figuras que se atraen y se repelen, que pelean y aman, que quieren dominar o ser dominados. Y entre ellos, un pulpo, inteligente animal de los abismos, de movimientos precisos, que regala un telón de tinta (ink, en inglés) cuando se siente amenazado, que es golpeado salvajemente por los pescadores contra la roca para que sea tierno en boca. La capacidad poética de Papaioannou alcanza aquí, por momentos, cumbres altamente epatantes.

El artista griego está en plena forma a sus casi 60 años. Parece lejana su consagración universal, cuando en 2004 se hizo cargo de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas. Ahora es uno de esos popes de la escena internacional (en la estela de Bèjart, Bausch, Kantor, Wilson, Lepage, Castellucci…), llamado a dejar un legado único a través de un lenguaje reconocible y altamente imaginativo, donde danza y teatro conviven en una sinfonía de cuerpos heroicos y objetos polisémicos. Y un suelo dispuesto siempre a agrietarse, a mostrar deseos ocultos, a abrirse para el brote nuevo, a cerrarse sobre los misterios eternos. Sinfonía de símbolos que, como en INK, asumen la materialidad viva del escenario, viva como el agua, poderoso elemento ético y estético para un artista profundamente mediterráneo. INK es una mitología en sí misma, tan irracional como humana, tan salvaje como ilustrada, un paso a dos que fascina colmando nuestra mirada de espectador de imágenes potentes y apasionadas, que llevaremos con nosotros, en la memoria, mucho más tiempo del que pensamos, porque Papaioannou tiene una destreza única para percutir sobre nuestra percepción de lo sublime.

Duración:
Sinopsis

“Del agua me gusta cómo suena y, sobre todo, que es una manifestación de la Naturaleza”, dice Dimitris Papaioannou, pintor antes que coreógrafo, pintor antes que director escénico, pintor antes que escenógrafo.

Papaioannou visualiza sus piezas antes de que empiecen a ser materia y cuerpo, sobre todo cuerpo, sobre todo desnudo, porque como pintor y como griego, los cuerpos desnudos de la estatuaria clásica son fuente y alimento. “Me gusta mucho el cuerpo desnudo y quiero ser alguien que te llama al teatro, y que, entre otras preguntas sobre la vida, te ofrece apreciar la belleza de la juventud en todos sus aspectos: estéticos, filosóficos y con sus connotaciones eróticas. Estoy compartiendo contigo algo que soy, algo que me mueve, algo que me obsesiona”.

INK es agua y es cuerpo, es líquido y carne, naturaleza viva y desnuda, danza y lucha, mirada y gemido, silencio y luz. Es una pieza emparentada con otra anterior, Primal matter (2012), que partía también como dúo entre el hombre vestido y el hombre desnudo. Artista y modelo, padre e hijo, hombre maduro seduciendo a hombre joven, o como sugiere el crítico Roger Salas, gran conocedor de la obra del griego, un tête-à-tête y un cuerpo a cuerpo que “remite a esquemas arcaicos, del mundo antiguo, de la literatura, la historia, la mitología, el teatro o la poesía: Aquiles y Patroclo, Alejandro y Hefestión, Cratino y Aristodemo, Caritón y Melanipo, Damón y Fintias, Harmodio y Aristogiton, Cleómaco y Filisto. ¿La pareja de hombres de INK y sus acciones son una propuesta de evocación (revivificación figurada) de alguna pareja legendaria?” Hay hasta quien ha visto un capitán Ahab empleándose a fondo, bajo los cortinajes violentos de agua salada, contra su monstruo interior. Sea como sea, hay todo un universo creado entre esas dos figuras que se atraen y se repelen, que pelean y aman, que quieren dominar o ser dominados. Y entre ellos, un pulpo, inteligente animal de los abismos, de movimientos precisos, que regala un telón de tinta (ink, en inglés) cuando se siente amenazado, que es golpeado salvajemente por los pescadores contra la roca para que sea tierno en boca. La capacidad poética de Papaioannou alcanza aquí, por momentos, cumbres altamente epatantes.

El artista griego está en plena forma a sus casi 60 años. Parece lejana su consagración universal, cuando en 2004 se hizo cargo de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas. Ahora es uno de esos popes de la escena internacional (en la estela de Bèjart, Bausch, Kantor, Wilson, Lepage, Castellucci…), llamado a dejar un legado único a través de un lenguaje reconocible y altamente imaginativo, donde danza y teatro conviven en una sinfonía de cuerpos heroicos y objetos polisémicos. Y un suelo dispuesto siempre a agrietarse, a mostrar deseos ocultos, a abrirse para el brote nuevo, a cerrarse sobre los misterios eternos. Sinfonía de símbolos que, como en INK, asumen la materialidad viva del escenario, viva como el agua, poderoso elemento ético y estético para un artista profundamente mediterráneo. INK es una mitología en sí misma, tan irracional como humana, tan salvaje como ilustrada, un paso a dos que fascina colmando nuestra mirada de espectador de imágenes potentes y apasionadas, que llevaremos con nosotros, en la memoria, mucho más tiempo del que pensamos, porque Papaioannou tiene una destreza única para percutir sobre nuestra percepción de lo sublime.

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