Malquerida es una obra de Jacinto Benavente dirigida por Natalia Menéndez. Con adaptación de Natalia Menéndez y Juan Carlos Rubio, la obra es un grito seco y brutal que nos ata sin remedio a nuestra esencia menos racional. Una tragedia de pasiones ocultas, celos y secretos familiares que se desarrolla en una hacienda rural; una historia marcada por el deseo y la violencia. La Malquerida, estrenada en 1913, es una de las obras más emblemáticas de Jacinto Benavente, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1922. Esta nueva versión celebra la vigencia de su historia, explorando los impulsos humanos y las pasiones que trascienden épocas.
Sinopsis
En la hacienda de verano de Esteban y Raimunda, se celebra la pedida de boda, de Acacia con Faustino. Al quedar Raimunda viuda contrajo matrimonio con Esteban, odiado por su hijastra. La tragedia se cierne cuando matan al novio la noche de la pedida. Los hijos del Tío Eusebio, padre del asesinado, acusan al sobrino de Raimunda, quien fue el primer pretendiente de Acacia, pero otros en el pueblo saben que es inocente. Comienza a escucharse una copla por las calles: “El que quiera a la del Soto… tiene pena de la vida. Por quererla quien la quiere le dicen… la Malquerida” El cerco se estrecha y los deseos ocultos y prohibidos empiezan a aflorar. El Rubio, capataz de la hacienda, alimenta las rivalidades entre las familias. Raimunda decidida a descubrir la verdad, no descansará hasta encontrar esa luz que, como el fuego, arrasará todos sus sueños.
Palabras de la directora
Con motivo de la celebración del centenario del Premio Nobel de Literatura de Benavente, tuve ocasión de leer y releer varias de sus obras. Hice numerosos descubrimientos apasionantes. Me conmovió sobremanera la relectura de La Malquerida. Sentí que quería tratarla.
Mano a mano con Juan Carlos Rubio elaboramos la versión que expresara con profundidad esa revelación. Con el talento de Juan Carlos pudimos ir mucho más allá, por eso hoy es: Malquerida. Nos propusimos una versión donde algunos personajes se perfilarán más, eliminamos otros para centrarnos en la esencia de la tragedia y, con respecto a la forma, preferimos ahondar en la vertiente más poética de la obra. Quisimos acentuar el erotismo que la obra destila, así como el humor y la música como expresión de lo popular, de la raíz, de la tierra.
Una madre y una hija. Pero también, dos mujeres enfrentadas por una misma obsesión que domina sus vidas. ¿Es posible calmar nuestros sentimientos, domarlos hasta hacerlos desaparecer? ¿O habrá siempre un resquicio por el que se derramará, irremediablemente, la pasión? Benavente dibuja con maestría un triángulo amoroso en el que no hay vértices triunfadores, sino esquinas atrapadas en su propia geometría.
Un duro retrato de una época, sí, pero sobre todo de la condición, la humana, difícil de doblegar ante ciertos impulsos. El deseo, carnal en algunos casos y material en otros, atrapa a nuestros personajes, les ciega, les paraliza, pero también les alimenta y da sentido a su existencia y a sus inesperadas reacciones. Como autores del siglo XXI, rescatar un clásico de la dimensión de La malquerida y favorecer que siga caminando por los escenarios de España es un auténtico reto. Por un lado, respetando toda la grandeza de su escritura y la vigencia de su historia. Por otro, despojándole de los condicionantes con que cada época atrapa a sus creadores.
Malquerida surge como un grito seco y brutal que nos ata sin remedio a nuestra esencia menos racional. Una historia en la que el amor, el poder, la ambición, el deseo y la violencia se unen irremediablemente, como caras de una misma moneda que, lanzada al aire, puede sorprendernos con su implacable veredicto.
Natalia Menéndez









