Noche tras noche

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Noche tras noche es un espectáculo dirigido por Emilio Martínez con la música original de José Luis Fernández, Juan Francisco Navarro, Toc, Deniro, Nano Vegano y Lunatic Sad. La Movida (no promovida) más allá de la M30.

Sinopsis

Los bares eran a diario el territorio de los hombres, desde los cafés matutinos, con sus chispazos de coñac o anís, los chatos del mediodía, botellines y cubalibres por la tarde noche. Partidas de cartas o dominó, siempre con el run rún de una radio tras la barra o algún partido de fútbol en blanco y negro.

En aquellos bares donde pisabas cabezas de gambas o conchas de mejillones, donde los papelotes azules de los “boletos”, si el juego antecesor de las tragaperras, te llegaban a la altura de los tobillos, colillas, serrín y los urinarios con los pies de Neil Armstrong al llegar a la luna. ¿Qué infierno se escondía en aquellos agujeros sépticos?

En ocasiones eran los chavales quienes obedecían el mandato materno de ¡a cenar, baja a buscar a tu padre! ¡Ponle un refresco al niño¡ decía el amigote de tu viejo mientras cantaba las cuarenta, “juégate una partida a la maquina que ya estoy acabando”, decía tu padre, entre una nube de Ducados.

De 9 a 11 de la mañana, era la hora en que las madres que estaban en casa, se adueñaban por un rato de los bares, tras dejar a los niños en el cole. Cafés con leche en vaso de caña y algún croissant, mientras compartían Minilips y fortuna mentolado.

Y llegaron los 80′, mientras que íbamos descubriendo nuestra ciudad, mientras que Madrid explotaba ante nuestros adolescentes ojos, en nuestros barrio, también se estaba cociendo a fuego lento, lo que iba a ser nuestra pequeña movida.

El pub de barrio, un lugar que debería estar protegido como reserva espiritual de la humanidad, pero que sin embargo, sucumbió al avance de la tecnología y las nuevas costumbres domésticas.

El negrita con Coca Cola, los radio cassettes extraíbles, las partidas al mentiroso, la decoración de mimbre y plantas trepadoras…y todo al lado de casa, ¿se podía pedir más?

Duración:
Sinopsis

Los bares eran a diario el territorio de los hombres, desde los cafés matutinos, con sus chispazos de coñac o anís, los chatos del mediodía, botellines y cubalibres por la tarde noche. Partidas de cartas o dominó, siempre con el run rún de una radio tras la barra o algún partido de fútbol en blanco y negro.

En aquellos bares donde pisabas cabezas de gambas o conchas de mejillones, donde los papelotes azules de los “boletos”, si el juego antecesor de las tragaperras, te llegaban a la altura de los tobillos, colillas, serrín y los urinarios con los pies de Neil Armstrong al llegar a la luna. ¿Qué infierno se escondía en aquellos agujeros sépticos?

En ocasiones eran los chavales quienes obedecían el mandato materno de ¡a cenar, baja a buscar a tu padre! ¡Ponle un refresco al niño¡ decía el amigote de tu viejo mientras cantaba las cuarenta, “juégate una partida a la maquina que ya estoy acabando”, decía tu padre, entre una nube de Ducados.

De 9 a 11 de la mañana, era la hora en que las madres que estaban en casa, se adueñaban por un rato de los bares, tras dejar a los niños en el cole. Cafés con leche en vaso de caña y algún croissant, mientras compartían Minilips y fortuna mentolado.

Y llegaron los 80′, mientras que íbamos descubriendo nuestra ciudad, mientras que Madrid explotaba ante nuestros adolescentes ojos, en nuestros barrio, también se estaba cociendo a fuego lento, lo que iba a ser nuestra pequeña movida.

El pub de barrio, un lugar que debería estar protegido como reserva espiritual de la humanidad, pero que sin embargo, sucumbió al avance de la tecnología y las nuevas costumbres domésticas.

El negrita con Coca Cola, los radio cassettes extraíbles, las partidas al mentiroso, la decoración de mimbre y plantas trepadoras…y todo al lado de casa, ¿se podía pedir más?

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