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Somos la guerra

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Somos la guerra

Somos la guerra es un nuevo espectáculo de Luz Arcas de la compañía La Phármaco.

Sinopsis

Nuestros cuerpos tienen una carga histórico-cultural. Sobre esto lleva tiempo reflexionando la bailarina y coreógrafa malagueña Luz Arcas, directora de la compañía La Phármaco que ahora, en Bekristen/Cristianos. Capítulo II. Somos la guerra, da continuidad a lo que aspira ser una trilogía sobre estas inquietudes que surgieron de su experiencia personal, tras cinco años de proyectos de danza y cooperación en países de Asia, África y América. Percibió en los cuerpos y gestos de muchos de sus habitantes el peso de la herencia cristiana hoy cómodamente reconvertida en capitalismo neoliberal.

En sus reflexiones, el cristianismo, que da título genérico a su trilogía en construcción, se alza como el primer proyecto económico, político y social de alcance global, el mismo que talló el marco en el que se mueven hoy el capitalismo y el neoliberalismo, que imponen sus criterios desde una violencia totalitaria, a veces muy sutil. Además fue ese mismo cristianismo el que propició y potenció las élites a través de las figuras segregacionistas de colonizadores y colonizados.

Bailar esta problemática es su cometido en la trilogía Bekristen. En La domesticación (2019), el primer capítulo estrenado, apuntaba hacia la asimilación de valores que generan una necesidad extrema e impuesta de consumo y triunfo, y también hacía referencia a lo que ella llama la “herida histórica de los cuerpos”. Ahora en la continuación, aborda otros derroteros de la misma problemática. Así lo explica: “Somos la guerra es una obra rota, hecha de fragmentos, un evangelio apócrifo que recoge otra visión del mito, un relato no-oficial del cuerpo que espera el milagro. El discurso es puramente físico, intuitivo, inspirado en anécdotas, imágenes y referencias concretas de mi vida. La música electrónica, la influencia del folclore, de las imágenes marianas veneradas en mi tierra, Andalucía, el deseo de bailar más que de hacer danza, lo que el cuerpo que baila convoca o el impacto en mi cuerpo del nacimiento de mi hija: la anunciación, que lleva implícita la esperanza, y sus primeros años, la necesidad de afrontar el proyecto de domesticación de la civilización humana”.


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