Yerma, la gran tragedia de Federico García Lorca, bajo la dirección de Eduardo Vasco.
Sinopsis
Yerma de Federico García Lorca se estrenó en el Teatro Español el 29 de diciembre de 1934, protagonizada por Margarita Xirgu, y tardó pocos días en convertirse en uno de los acontecimientos teatrales más importantes del S.XX en España. Hay en esta obra una búsqueda de lo esencial que comienza con la elección de su forma dramática: la tragedia, que nos remite a las raíces más profundas de lo teatral. El mismo poeta afirmó que su obra era «un cuerpo de tragedia que yo he vestido con ropajes modernos» dándonos la clave de cómo leerla, de cómo llevarla a escena.
Nuestro montaje parte de esa vocación de atender a lo más esencial, a lo más atávico para contar esta «tragedia de la mujer estéril» a un público de nuestro tiempo, tratando de orientarnos a través de la extraordinaria belleza de su composición y de sus vínculos con la tradición y la vanguardia.
Este montaje de Yerma parte de la propia vocación que manifestó en su día García Lorca sobre el regreso a las formas esenciales, a la pureza de la tragedia clásica. En su historia una heroína se enfrenta con un destino que no acepta y sufrirá las consecuencias, inevitables, que tendrán sus actos. Él mismo afirma que la obra es «un cuerpo de tragedia que yo he vestido con ropajes modernos», es decir, como artista en el principio de su madurez propone una vuelta a lo esencial, a la raíz del canto ditirámbico antiguo, pero expresado en un tiempo nuevo.
Es un buen momento para revisar las raíces folclóricas de la producción del poeta granadino y conectarlo con otra serie de influencias que, seguramente, dejamos de lado cada vez que llevamos a escena sus obras, y que tienen que ver con una perspectiva más culta, más refinada y, si me apuran, más intelectual. Todo esto tratando de no perder lo vital, los profundos vínculos de arraigo popular que consigue y su excepcional perspectiva de lo natural; una tarea compleja pero apasionante.
Esta «tragedia de la mujer estéril» resulta para nosotros un montaje especial por muchos motivos. En primer lugar, se trata de una obra que no solo se estrenó en el Teatro Español en 1934, sino que se convirtió en uno de los acontecimientos teatrales más importantes del S.XX en España. La figura de Federico García Lorca, profundamente ligada al coliseo de Santa Ana, está presente en la plaza y en innumerables rincones del teatro donde habitó, leyó y compartió camerinos, salones y cajas con los grandes de la escena.
Palabras del director
Este montaje de Yerma parte de la propia vocación que manifestó en su día García Lorca sobre el regreso a las formas esenciales, a la pureza de la tragedia clásica. En su historia una heroína se enfrenta con un destino que no acepta y sufrirá las consecuencias, inevitables, que tendrán sus actos. Él mismo afirma que la obra es «un cuerpo de tragedia que yo he vestido con ropajes modernos», es decir, como artista en el principio de su madurez propone una vuelta a lo esencial, a la raíz del canto ditirámbico antiguo, pero expresado en un tiempo nuevo.
Es un buen momento para revisar las raíces folclóricas de la producción del poeta granadino y conectarlo con otra serie de influencias que, seguramente, dejamos de lado cada vez que llevamos a escena sus obras, y que tienen que ver con una perspectiva más culta, más refinada y, si me apuran, más intelectual. Todo esto tratando de no perder lo vital, los profundos vínculos de arraigo popular que consigue y su excepcional perspectiva de lo natural; una tarea compleja pero apasionante.
Esta «tragedia de la mujer estéril» resulta para nosotros un montaje especial por muchos motivos. En primer lugar, se trata de una obra que no solo se estrenó en el Teatro Español en 1934, sino que se convirtió en uno de los acontecimientos teatrales más importantes del S.XX en España. La figura de Federico García Lorca, profundamente ligada al coliseo de Santa Ana, está presente en la plaza y en innumerables rincones del teatro donde habitó, leyó y compartió camerinos, salones y cajas con los grandes de la escena.
Eduardo Vasco





