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Reinando en la marginalidad

A Macbeth Song

A Macbeth Song
22/05/2025 - Teatro Contemporánea Condeduque

A menudo la falta de referencias históricas, así como un deliberado interés político, corona a reyes que nunca fueron o dota de joroba a reyes que nunca asesinaron a sus hijos. Como si de una operación militar norteamericana se tratara, vaya…

Es por ello que Sir Geoffrey de Monmouth cogió al semi-legendario Bruto de Troya del que tiempo después harían su romance o tomar la referencia histórica de un caudillo celta para coronarlo como un rey legendario de nombre Arturo y así tener una retahíla de nombres grandes para legitimar la estirpe.

Después llegó Shakespeare, se remiró las crónicas de Holinshed escritas veinte años antes y escribió Ricardo III y posteriormente, no contento con ello, reescribió la historia de Escocia con la maldita obra escocesa: Macbeth.

El poder, como siempre, hace lo que puede para perpetuarse, atribuyéndose méritos inmerecidos o atribuyendo taras y miserias a quienes no son ellos. En caso de no poder hacerlo a partir de los medios, la guerra y eliminación de inocentes toman el papel principal. Como si -reiteramos- se tratara de una operación militar estadounidense, vaya…

Todo es legítima defensa cuando se trata de tocar poder, ya sea para quienes lo tienen como para quienes no lo tienen. Fat puede intervenir y hacernos sentir lo que queremos oír. Sólo hacen falta las palabras adecuadas para que comience la seducción, y si ésta falla… bueno, desgraciadamente siempre hay formas de conseguir el deseado recipiente mortal que permite saborear, por un instante, aquella eufórica inmortalidad ansiada.

La Perla 29 a menudo han profundizado en la obra de Shakespeare o los derivados de Stoppard a lo largo de su carrera, pero esta colaboración con un trío londinense de renombre es -posiblemente- la guinda del pastel.

Para muchos, The Tiger Lillies, son aquella extraña aparición hace muchos y muchos años en el Later… with Jools Holland, entre Nelly Furtado y los mancunianos James, presentando su ópera Shockheaded Peter destripando a tres tontos chicos abusadores en el 2001, pero The Tiger Lillies y su grotes comienzo de los dosmiles del punk cabaret y del dark cabaret, haciendo que salieran del ostracismo los después célebres The Dresden Dolls y su cantante Amanda Palmer, o los neoyorquinos The World/Inferno Friendship, con el que compartieron sus manías por el cabaret berlinés, los inadaptados y el ber deja ramplón setenta de la ópera rock y que abrió también paso a una serie de artistas como Hellblinki, Circus Contraption, H.U.M.A.N.W.I.N.E., The Scarring Party, Reverendo Glasseye y los Wooden Legs o las -desgraciadamente- célebres en estos últimos

Con la conexión londinense-barcelonesa, The Tiger Lillies han compuesto 22 canciones en su línea habitual de sórdido y demencial cabaret y Oriol Broggi ha confeccionado un texto que no sólo nos remite a la obra original de Shakespeare, sino que también recoge un montón de palabras más de sus obras.

Es también gusto de la dirección el añadir proyecciones cinematográficas intercalándose con las cámaras que enfocan de vez en cuando, los rostros de los actores. En este caso, el filme en cuestión es la adaptación fílmica de Macbeth de Akira Kurosawa Kumonosu-jō (es decir: Trono de sangre), que aparece a menudo e incluso lo redondea con la aparición de un maniquí que se mantiene en escena observando con una yukata.

Las proyecciones de éstas también se alternan con proyecciones de las pinturas animadas del alma mater de The Tiger Lillies Martyn Jacques, que es posiblemente, después de Nick Cave y con perdón del difunto Shane MacGowan, uno de los letristas más clarividentes de la lengua inglesa. Las pinturas de Jacques de carácter expresionista (o incluso de Art Brut) que nos remite a las obras de Franz Marc o de Ernst Ludwig Kirchner es un guiño más al espectador conocedor de los Lillies, que tan poco se prodigan por nuestras tierras y que, a menudo, cuando lo hacen, es por un tiempo. Cómo siente demasiado conscientes de su condición feriante.

Ahora bien, el hecho de poder disfrutar de una puesta en escena donde existe una alternancia con una segunda trinidad, más allá de la del cielo y la que se encuentra encarnada en los Lillies, ejerciendo también de tres brujas o Weird Sisters que utilizan sus instrumentos a modo de los Familiares (theremins, serrucho musical, acordeones y pianos, de l´ alucinógenos, gatos y ratas a modo there) dota de un gran dinamismo a la puesta en escena, que va más allá de proyecciones, monólogos y canciones como es, por ejemplo, su aproximación a la inadaptable At the Mountains of Madness, en la que se acompañaban de uno de los creadores de la música y de la música industrial; activo de los Einstürzende Neubauten.

Los tres intérpretes salen y entran dentro del cuerpo de Macbeth, alternándose como una Hidra o Cerbero, creando una cacofonía en la que también se convierten en el Rey Duncan, Banquo, Fleance, MacDuff, así como el inefable tándem de Macbeth y Lady Macbeth, con el resto de personajes que abastecen a la didácticos (con permiso de los londinenses de cuerpo presente) que reflexionan sobre el poder, la ambición y sus consecuencias. Ahora bien, como ya hemos apuntado previamente, el rol de las Moires del Destino es algo exclusivo de los Tiger Lillies, ya habituados a interpretar todas las caras de Hécate y todas las malas conciencias del mundo.

El reinado de Macbeth, el literario, es de pocos días, en contraposición contra el personaje verdadero que tomó como referencia a Shakespeare, que cometió todos estos asesinatos a lo largo de tres lustros. La puesta en escena de La Perla 29 es de menos de dos horas de símbolos solapándose se convierte en un grandioso disfrutar estético y una de esas contadas ocasiones en las que podemos ver a personajes como los Lillies, que reinan desde su trono de la marginalidad donde lo bueno, lo malo, lo bello es feo y lo justo es injusto.

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