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Alex Rigola: Un enemigo del pueblo: ¿Hasta donde llega la democracia?

Alex Rigola: Un enemigo del pueblo
19/09/2018

Anoche acudí al Pavón Teatro Kamikaze a ver Un enemigo del pueblo (Ágora), de Henrik Ibsen, obra adaptada por el que es también su director, Álex Rigola. He tardado en elegir la palabra “obra” como definición de lo que vi, ya que suelo utilizarla como abreviatura de la expresión “obra de teatro”. Sin embargo, creo que lo que vi no encaja dentro de la definición “obra de teatro”, pero sí en la de “obra” que, según la RAE, es “cualquier producto intelectual en ciencias, letras o artes, y con particularidad el que es de alguna importancia.”

La obra a la que asistí anoche fue un debate ejemplificado acerca qué es la democracia, qué es la libertad de expresión, qué es el sufragio universal y hasta dónde puede uno ejercer sus derechos. El planteamiento se centra en un ficticio balneario, fuente mayoritaria de ingresos de un ficticio pueblo. A las aguas de este balneario se filtran las aguas fecales del pueblo pudiendo perjudicar a los usuarios del mismo. Dado lo anterior, ¿debería el balneario cerrar por el bien de los usuarios o debería seguir su actividad para no arruinar al pueblo? A partir de ahí se abre un interesante debate que traspasa la cuarta pared y que obliga a los actores a un gran ejercicio actoral ya que deben defender la opinión de su personaje ante un guion que se puede ver alterado según el día.

Este texto podemos aplicarlo a la rabiosa actualidad. Si extrapolamos y sustituimos “balneario” por “contrato millonario para vender bombas a Arabia Saudí”; “ficticio pueblo” por “trabajadores españoles que pueden perder su trabajo”; y “aguas fecales” por “gente que morirá en Yemen por bombas españolas”, ¿qué es el bien común y qué se antepone a qué?, ¿quién tiene derecho a decidir?

Independientemente de su postura, les invito a que asistan a la función, que escuchen las opiniones de otros, se empapen de ellas y voten en consecuencia ya que, al fin y al cabo, eso es la democracia.

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