La mujer rota, un monólogo escrito por Simone de Beauvoir, está estos días en la cartelera madrileña dirigida por Heidi Stenhardt e interpretada por Anabel Alonso. La obra nos ofrece a una protagonista imperfecta, con sus fisuras, sus grietas, que se plantea su existencia hasta el momento presente y si todo lo que ha hecho por los suyos ha merecido la pena o no. En un momento de su vida en el que se encuentra sola, el personaje va divagando por sus recuerdos con dolor, rabia, frustración, sin mas compañía que la gente que hay fuera del apartamento en una noche tan especial como es Nochevieja.
Durante el transcurso de esa noche, Murielle va reflexionando sobre su vida como hija, mujer, madre, amiga ante la soledad de una casa totalmente desprovista de muebles, que actúa como metáfora de su aislamiento y encierro. Es fácil como espectadores ponernos en la piel de la protagonista y empatizar con su situación y con sus recuerdos.
El alma de esta historia es Anabel Alonso. La actriz demuestra un manejo inconmensurable de su arte, de su voz y de su cuerpo para ponerlo al servicio de la historia. Anabel encarna a una Murielle rota, ahogada por la desgracia y por la pena y ofrece toda su verdad al personaje. Es de admirar su versatilidad vocal y gestual, especialmente cuando nos regala interpretaciones de personas que han ido pasando por la vida de la protagonista con diferentes acentos y movimientos. La actriz controla los tiempos de la obra y es la que le aporta dinamismo al texto, con una interpretación que ya desde el primer minuto está a un nivel de intensidad bastante alto. Asimismo, tanto la escenografía de Alessio Meloni como la iluminación de Rodrigo Ortega aportan el dramatismo que requiere el texto y nos ayudan a meternos en esa atmósfera vacía y desoladora.
