¿Hasta dónde está dispuesto un padre a llegar por “complacer” a su hijo? ¿Cuánto debe tensarse esa cuerda para llegar a romperse? Y, esa ruptura, ¿será reparable?
En Artiga Javier Lázaro interpreta un monólogo de Daniel J. Meyer en el que se narra la evolución de la vida de un niño, Lío, a través de los ojos de su padre, que vive la paternidad desde la soltería, la entrega absoluta, la renuncia, la culpa y el remordimiento. Toda la alegría de los primeros años (esta parte se hizo un poco larga para mi gusto), contrasta con la oscuridad, ceguera en gran parte, que llega con la adolescencia. La desesperación del padre por hacerlo bien, por ser y estar presente para el hijo, renunciando incluso a su propio desarrollo personal y a su vida amorosa, choca de frente con la llegada de Lío a la adolescencia, a la creación de su propia personalidad opuesta a la del padre y a su rechazo absoluto a la nueva pareja del padre.
Me gustó más la segunda parte que la primera, quizás por sentirme más representada por el momento vital de mi propia maternidad de adolescentes. Aún así, creo que el final no representa el sentir de muchos padres que estaríamos más que dispuestos a seguir al pie del cañón hasta que pase la tormenta o incluso aunque nunca pasase. Pero, como digo, es mi opinión personal de madre 😊
La sala Tarambana, como siempre, estupenda para vivir cerquita el teatro, y la interpretación del actor maravillosa.
