Adentrarse en la cabeza de Berto Romero es una experiencia tan loca como tronchante. Con su característico humor, Berto aprovecha este monólogo para contar anécdotas (reales o no) y reflexionar desde su particular punto de vista sobre la vida, las relaciones, el paso del tiempo, los hijos, el trabajo… Y no dejar títere con cabeza, aquí no se salva nadie y mucho menos el público. Berto además juega con la atención del espectador y le da una vuelta al propio acto de acudir al teatro a ver a alguien hablar sobre todo y sobre nada, poniendo a prueba la credulidad del público, el efecto rebaño y cuestionando y satisfaciendo las expectativas de quien compra una entrada. ¿Querías magia? Te la […]
Alejandra Marín
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