Cuando decidimos ver una función de teatro, muchas veces no sabemos el motivo por el que nos atrae, este era mi caso.
De este montaje me atrajo el título: «Artiga», me pareció sugerente, aun desconociendo el significado de la palabra hasta que lo consulté: (muy resumido) es lo que qué hay que hacer a un terreno para que en un siguiente paso se pueda cosechar.
En este caso ‘cosechar’ Artiga ha dado fruto, un fruto maravilloso ya que es uno de los mejores montajes teatrales que he visto desde hace muchos meses.
Me siento en la obligación de afirmar que Artiga es un texto necesario -y no es una frase que me guste decir por decir-.
Es una historia que creo que a muchas personas les hará pensar, algo a lo que últimamente no estamos muy acostumbrados (o esa es mi apreciación) y a otros les servirá como alimento espiritual, imprescindible en nuestras vidas.
Tan solo con entrar a la sala nos sumergimos en lo que será el mundo de Ricard, Carla y Lío, en principio muy simple; que se multiplica, transforma y sorprende a lo largo de toda la hora y veinte minutos que dura este fantástico montaje. Luz, sonido y escenografía perfectamente integradas en la acción.
Para no desvelar nada de la trama simplemente diré lo difícil que es hablar de las relaciones entre personas, máxime cuando la trama se centra en la relación padre/hijo y su entorno, y los dilemas morales que esto provoca.
La sala Tarambana arriesgando en su programación cómo es habitual, ha comenzado el año con Artiga, siendo este el estreno en castellano de la producción original de la sala La Mercantil de Balaguer (Lleida), con un texto escrito brillantemente por Daniel J. Meyer.
Muy a destacar la interpretación impecable de Javier Lázaro, logrando un éxito rotundo.
Mi agradecimiento a Nacho, a Olga y al resto de personal de sala Tarambana, por recibirnos siempre con una sonrisa.
Grandes profesionales del medio. Enhorabuena.
