Una opinión de Alba Trueba
Alba Trueba

El funambulista

El funambulista

9/05/2019

Vértigo creativo

‘El funambulista’ de Jean Genet, que ya plantea muchas lecturas per se, adaptado a dos manos al lenguaje (meta)teatral por Jorge Navarro de Lemus y Lucía Díaz-Tejeiro, resulta simplemente brillante. La poesía frente a la narrativa. La belleza frente a la crudeza. Espejos situados unos en frente de otros que resultan, frente a la luz, deslumbrantes.

Después de la caída, queda el vacío y en ese vacío navega ‘El funambulista’ hasta el momento en que todo se desvanece cuando se estrella contra el suelo.

Diego Cabarcos, Xoán Fórneas y Alejandro Jato deambulan en la cuerda floja maravillosamente como una sola alma, ayudados por ese hilo conductor marcado por el vestuario de Josemi Laspalas y mérito de la dirección de la misma Díaz-Tejeiro.

La iluminación de Ana Barceló y el espacio sonoro – casi ensordecedor y a veces reconfortante – de Fernando Monedero coadyuvan a la conformación de una armonía perfecta en la que una palabra no es menos importante que la anterior. De hecho, el texto está perfectamente imbricado de forma que ninguna palabra sobra ni falta.

Una obra en construcción que, sin duda, merece la pena respirar por su poesía y por su narrativa.


Todo lo que necesitas para ir al teatro

El funambulista

El funambulista

El funambulista es un espectáculo de Jorge Navarro de Lemus y Lucía Díaz-Tejeiro, a partir de la obra de Jean Genet y es resultado de la II Residencia Artística en El Pavón Teatro Kamikaze.

Sinopsis

Jean Genet atravesaba uno de sus momentos más brillantes como escritor cuando decidió financiar la carrera de su por entonces pareja, Abdallah Bentaga, hasta convertirlo en un funambulista de prestigio. Sin embargo, el joven cayó del alambre lesionándose gravemente la rodilla y se vio obligado a abandonar el funambulismo para siempre. En cuestión de un año, Genet le abandona y Abdallah se suicida.

Fotos

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Valoración colaboradores


Valoración espectadores

  • Jesus
    12345

    Sinceramente, aún valorando el trabajo de los actores, lo que prometía ser una experiencia gratificante fue una gran desilusión y una sensación de tomadura de pelo. Señores, no se puede anunciar como obra de teatro un ensayo de escasos 30 minutos y cobrar la entrada a 16 euros. Todos los que habíamos pagado (seguramente pocos, los demás serían amigos y familiares) nos fuimos con la sensación de que nos habían timado y es algo que no puedo entender que haya podido hacer el Pavón Kamikaze.

    10/05/2019