Que Lope de Vega siga ocupando espacios como la Nave Terneras de Matadero es, de entrada, una decisión que debemos celebrar. En un ecosistema teatral a menudo volcado en la autoría contemporánea, post-dramática, o la creación híbrida, un poquito de la erudición lírica del Siglo de Oro siempre sienta bien: a los oídos y al alma.
Lo primero que queda claro en este montaje es la altísima calidad técnica de los intérpretes: un elenco que derrocha energía, una entrega física absoluta y una pasión que desborda el escenario. Una fogosidad —tan típica de quienes se enfrentan a las comedias de capa y espada con ganas de comerse el mundo— que se convierte, por momentos, en su propio enemigo.
En ciertos pasajes, el exceso de esfuerzo interpretativo y la celeridad de la acción entorpecen la comprensión del texto. Chocamos aquí con la gran paradoja del teatro clásico: la densidad y el ingenio de Lope son tan sublimes que cualquier adorno interpretativo emborrona la palabra. Cuando el actor pone el énfasis en la pirueta interpretativa antes que en la esencia del concepto, el espectador corre el riesgo de perderse en un laberinto de ideas, rimas y subordinadas que ya de por sí exigen una atención quirúrgica.
Destacar, en este caso, la soberbia actuación de Cayetana Oteyza en el papel protagonista que borda la duplicidad de Finea con talento, elegancia y una gracia exquisita, además de una claridad expresiva sobresaliente.
Desde dirección no se propone una actualización o relectura conceptual de la obra. Se nos presenta La dama boba «a pelo», respetando su estructura y espíritu originales. También los clichés que acompañan los personajes de tal ilustre época literaria española. Si bien esto es lícito y permite disfrutar de la trama en su estado puro (que ya es mucho en los tiempos actuales), añade al debate sobre la puesta en escena de los clásicos y cómo involucrar a los jóvenes para no perder este patrimonio.
Una propuesta estimulante que destaca por el vigor de sus actores, pero que nos deja con la duda de si una apuesta por la contención y la síntesis conceptual o estética no habría servido mejor a la causa de recuperar a uno de los mayores genios de la literatura dramática mundial y, ya de paso, acercar este maravilloso y lejano verso a las nuevas generaciones.
