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Impulsos (BPM) (Escritos en la escena II): Pragmática pulsión

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Muy recomendable
Una opinión de Bea López
Bea López
Impulsos (BPM) (Escritos en la escena II)
24/02/2019

El escritor y periodista Álex Grijelmo terminó su discurso del pregón de la Feria del Libro de Valladolid de 2013 con la siguiente frase: «Las palabras son como chuchillos: sirven para matar y sirven para cortar el pan». Esta sentencia define muy bien la esencia escénica de Impulsos (bmp), una propuesta nacida de la segunda edición del programa Escritos en la escena del Centro Dramático Nacional.

El montaje es concebido como un proyecto de creación escénica donde todo el suceso teatral se va construyendo a sí mismo. Con texto y dirección de María Prado, en escena siete actores (Beatriz Grimaldos, Rebeca Matellán, Luna Paredes, Fernando de Retes, Efraín Rodríguez, Alejandro Saá y Carmen Valverde) dan vida a múltiples personajes y situaciones cotidianas que representan la batalla entre la permisividad de lo políticamente correcto y la (auto) censura de lo no socialmente aceptado. La libertad y la responsabilidad de una autora ante la obra que está escribiendo. Este hilo conductor vertebra distintas escenas breves, que presentan de manera fragmentada el uso del lenguaje y el juicio al que es sometido a través de la propia palabra.

La concepción del lenguaje como arma, que se emplea tanto para el ataque como para la defensa, refleja en su ejercicio la pulsión, especialmente de todo lo que se infiere, de lo que se quiere decir en realidad o simplemente de lo que no se dice. El montaje dinámico y ágil se potencia con esas frases que parece que no terminan de liberar el impulso, pero cuya función comunicativa es la más agresiva de todas al transmitir lo no verbalizado una mayor fuerza.

La obra es un maravilloso ejercicio de pragmática que combina en equilibrio el disparo de fórmulas consideradas normativas por su aceptación social, que dinamitan violencia y descortesía, con otras expresiones censuradas por su contenido que no contienen ni un ápice de violencia verbal. El silencio se atraganta o bien, ¿habla más que las palabras pronunciadas? La contención da paso a una ingeniosa e inteligente reflexión pragmática. Un magnífico juego metalingüístico de la lengua concebido como juego escénico.

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