“Gigante”, la obra de Mark Rosenblatt inspirada en la figura de Roald Dahl, es una propuesta teatral que se representa con una solidez excepcional y un altísimo nivel artístico en todos sus apartados. El conjunto del elenco está fenomenal, con interpretaciones muy sólidas, destacando especialmente un José María Pou absolutamente brillante en el papel de Dahl, construyendo un personaje complejo, magnético y profundamente humano, lleno de contradicciones que lo hacen tan atractivo como incómodo. A su lado, Clàudia Benito, en el papel de Jessie Stone, una editora profesional y rigurosa que también encarna una humanidad total al ir posicionándose y tomando partido a partir de sus propias circunstancias, aporta una presencia muy cercana y llena de verdad. También destaca Pep Planas como Tom, con una interpretación sorprendente y muy bien medida.
El texto fluye de forma impecable y, unido a la dirección de Josep Maria Mestres, consigue un ritmo muy ágil que hace que la obra se pase sorprendentemente rápido. La dramaturgia es excepcional y se entiende perfectamente por qué ha tenido tanto éxito tanto en Londres como actualmente en Broadway, con una construcción sólida y muy bien articulada. El planteamiento del conflicto es profundamente complejo y está lleno de dilemas muy reconocibles en la vida cotidiana, como la separación entre artista y autor o hasta qué punto es legítimo rechazar una obra en función de la persona que la crea. Aun así, dadas las circunstancias actuales, los dilemas y pensamientos de nuestros personajes generan cierta distancia. No necesariamente porque las posturas sean extremas, sino porque no todas están representadas, y las que sí, no todas con la misma presencia.
En definitiva, “Gigante” es una obra potente, muy bien escrita y magníficamente interpretada, que destaca por la calidad de su dramaturgia, y que además deja una reflexión interesante sobre la dificultad de encajar miradas opuestas dentro de un mismo conflicto.
