¿A qué vamos al teatro? Aunque a veces haya gente que va dispuesta a no disfrutar de lo que se le ofrece —sea del género que sea el espectáculo—, para mí eso es imposible.
Siempre hay algo, algún detalle que hace saltar la chispa y que nos permite disfrutar, incluso cuando la historia es una bofetada con la mano abierta. Ese es el caso de La noche que lo cambió todo.
Siempre resulta complicado pasar de la comedia al drama y viceversa, haciendo cómplice al público en cada momento. En este montaje lo consigue un reparto brillante, en el que cada uno de los cinco actores que interpretan la pieza cumple eficazmente con su cometido. La trama nos cuenta una dura, emocional y dramática historia sobre algo que no debería repetirse: un asesinato homófobo basado en un hecho real que tuvo repercusión a nivel mundial. Ese es el fundamento de esta historia: una agresión que acaba en un crimen despiadado y cruel. Así lo plantea el autor de la pieza, Jesús Sarmiento, con la dirección de Wada Muñoz.
Fue una grata sorpresa descubrir esta sala, desconocida hasta hace muy poco para mí: Salto Escénico —un nombre que me lleva a pensar en un “salto al vacío”, tan frecuente cuando en este país se apuesta por la cultura—. Todo está cuidado: un espacio bonito, con butacas muy cómodas, incluso un rincón para tomar un refrigerio, y donde nos trataron con mucha amabilidad, algo muy de agradecer.
Una texto que transmite un importante mensaje que no debiera perderse; motivo suficiente para no dejar de ver este montaje.
