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El control de la familia Coleman

La omisión de la familia Coleman

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La omisión de la familia Coleman → Teatro Infanta Isabel
01/11/2018 - Teatro Infanta Isabel

El impacto que Claudio Tolcachir causó con la peculiar familia Coleman en el 2011 fue similar al que había causado Javier Daulte la década anterior. Una vez más, los argentinos nos volvían a mostrar un teatro hecho desde las entrañas, con pocos medios… pero con mucha verdad. De hecho, Tolcachir destaca especialmente por tocar el corazón de los espectadores, pero no desde un lugar ya conocido sino desde ángulos completamente diferentes y a partir de situaciones inesperadas. Quién conozca alguna familia Coleman (las hay en cualquier país, en cualquier ciudad) entenderá enseguida lo que quiero decir.

Tenemos ante nuestros ojos una familia desestructurada compuesta por una abuela, su hija y cuatro nietos, todos ellos en busca de una huida y de una seguridad que los aleje de aquello que los une y los destruye a la vez. Quizás la única diferencia con la versión argentina que vimos en el Teatro Borràs ya hace años es la forma de afrontar los personajes. Es cierto que la verdad sigue siendo el punto de partida pero el método y el bagaje actoral de nuestros actores es muy diferente. Vemos verdad, sí, sentimos emoción, pero todo está más controlado y en el lugar correcto.

Alguien me decía al salir del teatro «aquí incluso se esperan a que el público acabe de reír», y esto los actores argentinos ni se lo plantean. Viven los 105 minutos que dura la obra como si les fuera la vida, como si les pasara realmente a ellos… Quizás estamos pidiendo demasiado, pero es que las comparaciones siempre son odiosas y en este caso -teniendo en cuenta que la versión es casi calcada- son inevitables.

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