Los Coleman son un grupo de personajes a la deriva, unidos por un débil vínculo familiar cuyo valor son incapaces de apreciar. Son todo aquello que sucede cuando nos olvidamos del prójimo, cuando cada uno lucha por su propia supervivencia y la empatía desaparece. Es la victoria del individuo por encima de la comunidad, la victoria del caos por encima del orden.
Los distintos personajes de la familia y sus excéntricas personalidades dotan a la obra de un gran componente cómico que sin duda es uno de sus principales atractivos.
El frenesí de esta locura familiar se contagia a toda la obra, dándole un ritmo acelerado que a pesar de contar con algunos momentos de decaimiento y una escenografía que no termina de convencer, conduce al espectador a un viaje de carcajadas agridulces hasta el trágico final.
Y es que a pesar del planteamiento cómico, esta obra es un arma de doble filo. Los espectadores que sólo esperen carcajadas se enfrentarán a un crudo relato sobre el individualismo y la desesperación humana, con un final tan bello como triste.
