Entre el público, mayoritariamente en pie mientras la sala rugía bajo el crepitar de los aplausos, pude ver a mucha gente por cuyos rostros resbalaban lágrimas que delataban que la obra y las interpretaciones les habían emocionado. Lo entiendo, yo no llegué a tanto, aunque he de reconocer que si alguien se hubiera fijado habría visto que mis ojos estaban vidriosos. Y no de tristeza. Creo que el gran éxito de la representación, y por ende del autor, es tratar unos temas que en realidad son duros e incluso amargos con una ternura y una delicadeza que por momentos resulta incluso divertida. Se escucharon risas, que al principio yo no entendía, hasta me parecieron de mal gusto, no estaba comprendiendo bien los derroteros hacía los que transcurriría lo que acontecía sobre el escenario. Estaba claro que me estaba perdiendo algo que ya sabían los que se habían leído el libro.
Por suerte yo no lo había hecho, y pude disfrutar de mi virginal primera impresión. Y de un giro que he de reconocer que me dejó un poco confuso, por no decir que hasta decepcionado, hasta que lo comprendí al final de la obra. Es el único pero que le pondría, no haberle sacado más jugo al tema de la perdida de identidad cuando llega la vejez, y ese viraje un poco brusco al del, por otro lado deliciosamente tratado, agradecimiento. Aunque entiendo que es algo que tendría que reprocharle al autor y no a los responsables de un montaje que basa en su sencillez su éxito. Perfecto, escenografía, sonido, luz, todo. El sitio ayuda. precioso el teatro de la Abadía, la sala y el entorno.
Las palabras. Nos unen, nos separan, nos emocionan, nos enfadan, nos enamoran. Michka las está perdiendo, y aun siendo una pérdida tan dolorosa, su enfermedad sirve de vehículo para unir a personas, para enseñarles a entender lo que es verdaderamente importante, y a dar las gracias antes de que sea demasiado tarde. Michka, magistral Gloria Muñoz, se come el escenario magníficamente secundada por sus compañeros de reparto, hace un recorrido vital que me recuerda a las cinco fases del duelo para llevarnos a un final que al contrario de lo que podría suponerse es feliz y reconfortante. Y que tal vez nos haya servido para aprender algo a los espectadores que lo hemos disfrutado. Así que muchas gracias. Porque como diría nuestro inmortal Sancho, es de bien nacidos ser agradecidos.
