No es fácil disfrutar del teatro cuando se te sientan detrás dos toca narices de los que no se callan en toda la obra, se levantan cada dos por tres, se ríen de cualquier diálogo aunque no tenga gracia, y quieren dejar claro con sus comentarios para que todos nos enteremos que son amigos de una de las actrices. Si además le sumamos un principio un poco soso del espectáculo, una sala con no demasiada buena acústica y con forma casi de cuadrilátero, lo que obligaba en muchas ocasiones a verles las espaldas a los intérpretes, y la inevitable comparación con la película, la cosa no pintaba muy bien la primera media hora. Por suerte mejoró, bastante, y lo que […]