Una guerra no termina con la última batalla. No se acaba con la rendición de los vencidos, ni con el triunfo de los ganadores. Después de la contienda viene la venganza, la crueldad innecesaria, la codicia. Eurípides lo sabía, seguramente lo vivió o lo vio en muchas ocasiones. Más de dos mil años después nada ha cambiado. Misiles en lugar de flechas, drones en vez de lanzas, cañones a cambio de espadas. Y hombres jugando a ser soldados, poderosos inventando excusas, el honor, la patria, la justicia… Siempre es el dinero, el poder y el dinero. Ya se lo dijo Helena a Menelao y a Hécuba, qué fácil era culparla a ella, cuando Troya ya tenía su destino marcado por […]