Tienen sus razones. Después de todo, ¿quién no querría olvidar las partes vergonzosas de su pasado? ¿Quién no querría imponer a los demás ese olvido? Ellos mismos se delatan, con la excusa de pasar página buscan enterrar los cadáveres de su infamia, negándoles incluso la memoria a las que antes ya les robaron sus vidas, a base de muerte, exilio o amnesia colectiva forzosa. Con Victoria Kent lo intentaron, y durante muchos años lo consiguieron. Por suerte la Historia no se ha dejado engañar del todo, y a pesar de que su recuerdo ha tardado en escapar de las tinieblas, poco a poco lo ha conseguido, y le va devolviendo a cachitos al lugar que merece ocupar su legado.
Porque no les bastó con ganar una guerra. El rencor y el odio les llevó a buscar una venganza a la que no tenían derecho. Y de eso va esta obra, de ratas y urracas acosando y persiguiendo, obligando a cambiar nombres, a ocultar identidades, a vivir escondidas tras pasaportes falsos y pañuelos en el pelo. Pero sin miedo. Victoria Kent nunca lo tuvo, porque siempre fue fiel a sus ideales y eso es más fuerte que todos los temores. Aunque durante sus años en París tuviera que ocultarse tras la máscara de Madame Duval. Ayudada por otras mujeres que también tuvieron unas vidas que merecen ser recordadas. Y el autor, Antonio Miguel Morales, las recuerda, a través de la memoria de la protagonista. El mayor acierto de la obra.
María Díaz y Dolores Cardona magníficas en sus papeles, ligando viajes temporales y emocionales con una puesta en escena sencilla pero original en la que para mi gusto ha sobrado un poco de interacción con el público, un recurso que si bien suaviza la trama le quita algo de cohesión al mismo tiempo. En cuanto al texto, intenso, profundo, coherente y por momentos impactante, algo cojo en las escenas en que las protagonistas son ancianas, excesivo protagonismo para un futuro que sirve de excusa para recordar el pasado y como metáfora del miedo al olvido, o mejor aún, del temor al recuerdo que tienen algunos. Me alegro de haberla visto, y todos deberíamos verla. Victoria Kent se merece este homenaje a su memoria, porque fue mucho más que la mujer que debatió con Clara Campoamor sobre el sufragio femenino. Fue una mujer de nuestro tiempo, viviendo cuando era muy difícil hacerlo siendo quien y como era.
