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Luces de bohemia: Juego de espejos

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Muy recomendable
Una opinión de Alba Trueba
Alba Trueba
Luces de bohemia
2/11/2018

Un espejo es un objeto inútil: si no hay nada ni nadie al otro lado, no hay imagen y no hay contraste. En este sentido, el escenario del Teatro María Guerrero aporta el marco, y las palabras de Valle-Inclán configuran la imagen, el caos y los contrastes de una sociedad esperpéntica.

La ruta emprendida a ciegas por Max Estrella – interpretado por un relampagueante Juan Codina – y Don Latino de Híspalis deviene una aventura llena de ritmo gracias a la aportación al piano de Jorge Bedoya a partir de la música de Fernando Velázquez.

La escena que plantea Alejandro Andújar se llena de sendos espejos que acompañan a la naturaleza de cada uno de los personajes. El elenco se encuentra en estado de gracia con aportaciones como las de Josean Bengoetxea y Jesús Noguero, que destacan especialmente; son imagen y contraste, vivas imágenes del ayer que pueden ser mañana.

La versión y adaptación de Alfredo Sanzol aporta frescura al texto; es curioso como palabras tan lejanas nos quedan tan cerca.

En fin, esta es la historia de un espejo de la sociedad española. La de antes. La de ahora. ¿La de mañana?

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