Nada más entrar al teatro de La Latina, nos sumergimos en un barrio de Londres (no sólo por un cartel que nos indica que estamos en el Londres de mil ochocientos treinta y que nada tiene que ver con el que ahora tenemos en mente, con grandes marquesinas con luces led) si no en un lugar de calles oscuras y sucias, de gentes de todo tipo entre las que surge un pequeño chaval, al que todos llaman Hurón por sus habilidades como carterista y escurridizo ladronzuelo.
La trama surge por la llegada de Oliver, un pequeño escapado de un orfelinato, a ese Londres, y todas las peripecias que le ocurren, basadas en las que en su momento creó el insigne escritor Charles Dickens.
Una vez que suenan los primeros compases de: “Londres, Londres…” (desconozco si la canción se titula así, pero su melodía aún resuena en mi mente,) hay que señalar la brillante actuación del pequeño que realiza el papel de Oliver tanto como la de su maestro Jack/Hurón.
El resto de personajes, navegan entre sombras y luces, y nos sumergen en esas tinieblas que muchas veces a todos nos dan bastante temor, aunque como es habitual en muchas de las narraciones del autor de la novela original, suelen tener un buen final, un “final feliz”.
Melodías vibrantes llenan nuestros corazones a veces con sonrisas y a veces con lágrimas, una orquesta que suena impecable, con dirección musical de Gerardo Gardelin, autor de la partitura de este musical.
La escenografía e iluminación es espectacular, un vestuario apropiado, sobresaliente y de agradecer en un musical: un diseño de sonido fantástico. Mis felicitaciones a todo el equipo técnico.
El elenco, brillante en mucho casos, del que destacan especialmente -primero las damas-: Lourdes Zamalloa, Laura González, Marta Malone y por supuesto a Noelia Marló (quien realizaba su última función en este musical,) grandes voces.
Y en el elenco masculino, brillan los niños Dani Escrig (Oliver) y Nayden Rodríguez (Hurón.) Se vislumbra un gran futuro para ambos.
Como no reseñar a: Fran del Pino, Tomy Álvarez (Como Fagin en la representación a la que asistimos), Manu Rodríguez y Natán delgado, todos y cada uno de ellos magníficos.
