publicidad

Un clásico que resuena en nuestros días

Panorama desde el puente

A partir de 22,00€
Comprar Entradas
Panorama desde el puente → Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa
04/05/2026 - Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa

Arthur Miller, ganador del Premio Pulitzer, es uno de los grandes dramaturgos del siglo XX y un maestro en mostrar las emociones humanas y todo aquello que no se dice. Con sus obras supo reflejar la contradicción del ser humano, nuestros anhelos, deseos y pasiones más ocultas. En Panorama desde el puente, que se representa estos días en el Fernán Gómez, asistimos a una de las mejores obras del escritor estadounidense.

En esta ocasión, la dirige Javier Molina, actual director artístico del Actors Studio de Nueva York, con adaptación de Eduardo Galán. La escenografía de Elisa Sanz nos traslada al Brooklyn de los años 50, una ciudad que recibía inmigrantes procedentes de todas partes del mundo, aunque el autor se centra en la inmigración italiana después de la Segunda Guerra Mundial. Sin grandes decorados, el montaje propone un escenario prácticamente desnudo, salvo por la estancia principal de una casa familiar neoyorquina, un despacho de un abogado y una cabina telefónica que jugará un papel clave en el desenlace. Es interesante recalcar la presencia de una pantalla en la que se irán proyectando las caras de los actores a lo largo de la obra, un recurso que como espectador se agradece para no perder ningún matiz de las interpretaciones.

Y es en las interpretaciones en el apartado en el que más me gustaría incidir, porque interpretar a Arthur Miller no es sencillo y todo el reparto solventa con creces esta tarea. Mención aparte merece José Luis García-Pérez, un actor de notable trayectoria que aquí demuestra por qué es uno de los grandes intérpretes de este país. Su Eddie es rudo, visceral, lleno de deseo, pasión, celos, en definitiva, un ser humano con aristas. El intérprete pone su alma en el personaje, en sus parlamentos, en sus gestos para ofrecernos su obsesión, su deseo prohibido. Su mirada refleja un brillo especial que nos lleva como espectadores a ser cómplices de lo que le pasa por la cabeza. Por otra parte, María Adánez, interpreta en Beatrice a una de tantas mujeres abnegadas por sus maridos, que sabe todo lo que está ocurriendo pero que no es capaz de afrontarlo. La actriz ofrece un personaje luminoso que a medida que avanza la obra va desprendiéndose de sus capas internas para decir todo lo que no se ha atrevido hasta entonces. Al igual que su compañero de reparto, su expresión dice mucho sin necesidad de hablar, porque en los silencios llevan el peso del alma y otorgan a sus personajes de una profunda humanidad.

Los clásicos tienen algo atemporal que hace que no pasen de moda y que sea cual sea la época en la que se interpreten, sigan resonando en nuestra sociedad. Aquí se pone de manifiesto el tema de la inmigración ilegal y la necesidad del ser humano de buscarse un futuro mejor que el que le ofrece su país. El autor pone en la casilla de salida la inmigración italiana de mediados del siglo XX, pero bien podría ser la inmigración actual hacia nuestro país en pleno siglo XXI. Hace ya más de 50 años se hablaba del miedo al extranjero, del sueño americano como una oportunidad de prosperar y aunque hayan pasado varias décadas seguimos hablando de muchos de estos temas. En definitiva, siempre da gusto volver a los genios que saben poner en palabras la experiencia de lo que significa ser humano.

← Volver a Panorama desde el puente

¿Ya estás registrado?
Entrar con email
¿Todavía no te has registrado? Crear una cuenta gratis