Seré es mucho más que una obra de teatro: es una intervención poética, política y profundamente humana sobre el testimonio de Guillermo Fernández en el histórico Juicio a las Juntas de 1985 en Argentina.
Seré es el futuro simple del verbo ser, la afirmación de una posibilidad. En esa conjugación se condensa algo esencial de la obra: la idea de que el lenguaje no solo nombra el mundo, sino que lo construye y lo proyecta. A través de la palabra, damos a conocer quiénes somos, qué hemos sido y, sobre todo, qué podemos llegar a ser. En este sentido, la obra instala una pregunta profunda sobre la identidad y la memoria: incluso atravesados por el horror, incluso marcados por el pasado, existe una dimensión futura del “ser” que todavía puede enunciarse. Decir “seré” es, entonces, un acto de resistencia y de esperanza.
La puesta resulta profundamente creativa y conmovedora. Los recursos corporales, emocionales y expresivos del actor sostienen la excelencia de la obra: cada gesto, cada silencio, cada inflexión está cargada de sentido. Hay una entrega escénica que impacta y que logra que el relato no sea solo escuchado, sino vivido.
El texto es claro, respetuoso y sensible. No cae en el panfleto ni en el museo; al contrario, sacude, interpela y despierta. La obra logra conmover a cualquier espectador, sea argentino o no, incluso a quien no conozca en profundidad el contexto histórico. Porque lo que está en juego no es solo un hecho del pasado, sino la memoria, la verdad y la posibilidad de seguir siendo.
Seré es una experiencia necesaria. Un teatro urgente que reaviva la memoria antes de que el olvido intente borrarla. Una obra que no solo se ve: se siente y permanece.
