Chungo parece anunciar algo oscuro, incómodo, casi áspero. El propio título activa una expectativa muy concreta en el espectador, acostumbrado a asociar lo “chungo” con la incomodidad o el conflicto. Sin embargo, Luis Zahera utiliza esa carga semántica para desmontarla desde el primer momento. En un contexto cultural donde el monólogo suele apoyarse en la provocación constante o en la exageración del personaje, Zahera opta por otro camino. Resignifica el formato y lo convierte en un espacio de cercanía: no hay tensión impostada ni esfuerzo visible, sino una fluidez que remite más a la conversación que al discurso. El actor no parece sostener un teatro entero, sino compartirlo. El resultado no es oscuridad, sino risa. Risas que nacen de anécdotas […]
Ana Garcia Mango
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