Hay algo casi conspirativo en la frase “¿tomamos un café?”. Con esa excusa mínima, dos personas conocidas o completamente extrañas se sientan frente a frente y, sin saber muy bien cómo, terminan compartiendo pensamientos, recuerdos, deseos, heridas. El café como ritual social, como puerta de entrada a la intimidad. Como espacio donde una puede, si quiere, desnudarse emocionalmente ante el otro. El insomnio de Johann Wolfgang von Goethe, el café como vasodilatador natural, el diablo y lo prohibido, las historias de censura, esclavitud, religión, arte, género y erotismo aparecen entrelazadas con su propia biografía. Pero lo más potente no es solo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta: como si realmente estuviéramos compartiendo una mesa. Como si ese “tomemos un […]