Pablo Cortés-Ferrández dirige y adapta la obra original de Arthur Schnitzler de finales del siglo XIX para llevarla a una fiesta de música electrónica en la ficticia discoteca Sphäre. Lo más llamativo de este montaje es cómo se ha planteado la relación con el público para invitarle a entrar en la fiesta, empezando por unas instrucciones iniciales que llegan al correo electrónico para advertirle de que no viene a un teatro. Con un elenco muy enérgico y polifacético que construye múltiples personajes, el montaje incide en la inevitabilidad de desplegar el deseo erótico, en los abusos de poder que se dan en toda relación sexual (sea por género, sea por edad, sea por estatus), en el cambio de idea, en el fetichismo, en la necesidad de sentirse deseado para poder validarse y conformarse con la vida, en la autocontención, en la culpabilidad y la vergüenza por desear. Aunque no le vendría mal recortar más del texto original, porque se vuelve más interesante cuanto más se separa de la obra de Schnitzler, la propuesta mantiene su esencia y la traslada a una vigencia contemporánea que nos hace preguntarnos qué estamos buscando exactamente para poder ser felices.
«Buscar algo que no sabemos ni nombrar»
SPHÄRE
