Un poema de la poeta libanesa Rafeef Ziadah nos da la bienvenida: la guerra de Troya nunca se acaba. Nos encontramos ante una versión de «Las troyanas» que hace una apuesta y arriesga, que implica al público para extender el mito, que sabe cuándo es necesario sumar recursos y cuándo el texto y la interpretación son suficientes. La dirección no deja de sorprender para que cada escena impacte y surjan nuevas posibilidades incluso en una obra tan revisitada como es esta. Los ritmos, las repeticiones, las pausas, el movimiento en el espacio escénico, no sobra ni un gesto para retratar la frialdad de Taltivio, el delerio de Casandra capaz de ver las guerras del futuro, las pesadillas de Hécuba, el […]