Fui a ver este espectáculo sin haber leído nada de la escritora belga Amélie Nothomb. Una forma de vida es la adaptación teatral de una de sus novelas y salí del teatro con ganas de sumergirme en sus libros (ojo, voy a tener para rato, tiene más de 30 piezas publicadas). Pero ahora toca hablar de este montaje, con dirección, dramaturgia e interpretación de Isabelle Stoffel y Juan Ceacero.
La trama cuenta la experiencia epistolar que mantiene la protagonista, llamada también Amélie Nothomb, con un soldado americano destinado en Bagdad y que sufre obesidad mórbida. Durante el viaje por las cartas y las emociones que estas suscitan en sus personajes, se exponen al espectador bellas reflexiones como la necesidad de conectar profundamente con otro ser humano, las diferentes formas que tenemos de escapar de nuestra realidad o el efecto emocional que causan en nosotros las batallas a las que nos enfrentamos —en campos enemigos o en la profundidad de nuestra alma—. También plantea la necesidad de crear ficciones más allá de la realidad, inventando nuestra propia historia o pidiendo a gritos experimentar otra, ajena a nosotros.
Isabelle Stoffel y Juan Ceacero mantienen el ritmo y la intensidad adecuada durante toda la obra y la escenografía, que va ganando espacio a medida que avanza la trama, llegándose a mimetizar con ambos personajes, me ha parecido sencillamente fantástica.
